Editorial

Editorial

Vivimos en una sociedad que hizo de la originalidad un fetiche. Quiero decir: creemos y defendemos a capa y espada lo que cada uno considera lo más í­ntimo de lo í­ntimo. Pero además, suponemos que eso mismo es un valor irrepetible, casi inalienable. Y viceversa: consideramos como un acto deleznable la mera idea de la copia o de la imitación. De hecho, los derechos de autor (esa entidad jurí­dica que se dedica a pontificar sobre el tópico) resultan casi un blasón por el que muchos nos consideramos a salvo del fracaso.

Y, sin embargo, la idea de originalidad de la sociedad moderna resulta un fetiche por dos órdenes de razones diferentes: desde el punto de vista histórico y desde el punto de vista subjetivo.

Históricamente la idea de autor es una idea que tiene fecha de nacimiento y prona fecha de defunción. Recién en el siglo XVIII nació la preocupación por determinar la autorí­a y actualmente asistimos a una proliferación de técnicas de reproducción que la ponen en jaque.

Por otro lado, se podrí­a decir que la originalidad es una fatalidad, no un acto voluntario. En el sentido de que cada sujeto se anuda al lenguaje de una manera singular y por lo tanto, lo quiera o no, esa singularidad va a terminar por manifestarse. Borges lo dijo hace muchos años respecto de la argentinidad: si uno es argentino, esa mera circunstancia de la vida, tarde o temprano, termina por manifestarse más acá de nuestras propias decisiones y de nuestra propia voluntad. Esta idea de Borges, además, convierte a la originalidad en una mera circunstancia de la vida; es decir: todos somos originales, para qué insistir tanto, entonces.

El número anterior fue sobre el Arte. Un poco para poner de manifiesto que el concepto de arte en la actualidad no resulta tan claro como cierto sentido común conservador cree. Este número lo hicimos sobre la Copia. Un poco para mostrar que mucha de la actividad artí­stica contemporánea más revulsiva e interesante se juega en una zona de combate donde el entronizado individualismo de la presunción de originalidad aparece cuestionado por los cuatro costados.