Literatura y exilio

Literatura y exilio

Palabras de Exilio: testimonio de catorce autores latinoamericanos

Marianne Boscher-Gotier y Mathieu Vicens

Leviatán

160 pp.

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¿Es Palabras de exilio: testimonio de catorce autores latinoamericanos otro libro sobre el exilio, uno más?

Veamos: catorce testimonios, todos muy diversos entre sí­. Tantas vivencias diferentes del exilio como testimonios hay en el libro.

Además: ni un solo "golpe bajo", a pesar del tema. Y una idea "equitativa" de la militancia, de la resistencia, muy puesta sobre la búsqueda de la justicia y de la igualdad, y no sobre ninguna suerte de "endiosamiento" de la lucha armada.

Los editores han reunido gente muy diversa en testimonios armados con una misma lógica, un mismo orden y en torno a una misma idea, que es la que aúna en la diferencia. Esa manera de la reunión le da un valor notable a la especificidad del lugar de la escritura para cada quien, alejándose del riesgo de la sacralización. Es muy potente —muy valioso— lo que cada uno de los escritores tiene para testimoniar sobre la búsqueda, el hallazgo o la necesidad de escribir el exilio, en el exilio o a partir del exilio.

Ciertamente los editores están muy presentes en lo que hace a la elección de los autores: han decidido aunar a los exiliados de las dictaduras militares con los exiliados de la Cuba castrista y con la especial posición de los exiliados mexicanos. Aí­slan así­ la cuestión de la escritura del exilio de la cuestión de la ideologí­a; una decisión valiente que pone a distancia esta mirada de la mirada en ocasiones muy idealizada de los "no latinoamericanos". Y si bien esta decisión se respira en cada página, tal vez extrañamos una declaración concreta de esta posición: esa que nos permitirí­a discutir, disentir o afiliarnos desde el inicio con la posición de los editores.

Para el lector argentino — "promedio" y no tanto—, el libro tiene otra virtud indudable: presenta a una serie de autores muy poco conocidos y suscita de inmediato la urgencia de ir a leerlos. Especialmente, tal vez, Liscano (su testimonio lacónico, austero, sin ninguna pretensión, casi de un hombre "simple", apasiona), Montoya (tiene algo de una seriedad sin amaneramientos, contundente) y Almada (su compromiso y su trabajo sin concesiones y tan sin queja es tremendamente conmovedor, como su lugar en la historia de la defensa de los Derechos Humanos). Especialmente algo en los testimonios de estos tres escritores recuerda esa lección de ética formidable que es La escritura o la vida de Jorge Semprún; comparten con ella, tal vez, la actualidad de los clásicos.

Palabras de exilio es, sin duda entonces, un libro original y precioso, contundente. Un libro que pide por otros dos libros más: uno de análisis acerca de las concepciones, no sólo del exilio, sino básicamente de la memoria y del olvido, de la nostalgia, del idioma y la lengua materna. Y otro más histórico —o historiográfico si se quiere— donde los actores cedan su lugar a una perspectiva menos personal y donde los testimonios sean el material que permita extraer conclusiones amplias, generales. Palabras de exilio está hecho de ese material del que se nutren nuestra ética y nuestra polí­tica, y es por eso que no es "uno más".