Adrián Agosta: Un mundo inestable

Adrián Agosta: Un mundo inestable

Los muchachos de la poesí­a hace tiempo que no escriben poemas de amor. No muestran esa debilidad, esa fisura en la boca del estómago, ese resplandor en la lengua. Sin embargo, en los poemas de Adrián Agosta —y en otros jóvenes poetas de su generación—, algo de esa represalia está cambiando. La escritura de estos jóvenes, de pronto, se apropia de las retóricas disponibles y con eso hacen algo nuevo. Ni realismo sucio, ni lirismo puro. Una mezcla de ambas, quizás, y una visión del mundo donde las categorí­as que conocimos (de lo bueno y lo malo, lo fuerte y lo débil, lo bello y lo feo) se trastocan hasta dar a luz a otra cosa. Un mundo inestable. Un mundo que, en su esfuerzo por volverse a la materia, choca a cada paso con el vací­o que nos invade, como dirí­a Montale. Pero aquí­, a diferencia del pesimismo del poeta italiano, todo es binario y nada es definitivo. El propio cuerpo se parece a una antena que registra aquello que, al acercarse, se aleja. Una antena que se yergue o que se enfrí­a, como el miembro viril, según el ritmo del amor que, por definición, se opone al mandato social. Poemas y cuerpos improductivos, que no buscan una descendencia. Calientes o frí­os, empapados bajo la lluvia o en cuartos solitarios; siempre temerosos. Cada uno resistiéndose, como sea, a permanecer en algún lugar fijo. La lí­rica, inclusive, como una forma de escapar a este mundo.  O de entrar (si fuera posible) de otra manera, en él.

 

x

estalla el vidrio la lluvia

parte la tarde en mil pedazos

 

tomo un poco de coca

pienso en el frí­o pienso que

 

así­ el alma

qué podemos decir del alma excepto que

 

se fractura y se va

 

 

x

a veces soy un pájaro

sin miedo al peso de la noche

o un perfume o un relámpago.

es tan raro, sin embargo, estar vivo.

a veces soy un hombre a veces una mujer

pero qué son esas cosas.

a veces también soy

un submarino

suspendido y solo

abajo, en lo negro.

 

 

x

 

afuera llueve

o simplemente llueve en mí­.

de todas maneras, esta noche se parece

a la de aquel miércoles.

el pasado siempre siempre es igual:

vi tu pelo pegado a la cara

                                           empapado

                                                                        vi que te ibas

 

 

 

 

 

 

 

x

 

es la lluvia:

nuestros ojos pequeños charcos temblando

y una pobre frazada de papel que nos abriga

 

llueve sobre el televisor y sobre la cama

somos feos estúpidos y fieles

como las armas el hambre o los pingí¼inos, a quienes

el frí­o une

un frí­o blanco y poderoso

 

me aburrí­s, yo también te aburro

por qué negarlo?

 

llueve sobre la luz de esta habitación que oscila

ese pequeño ojo abierto

en el cuarto oscuro esa respiración

ese instante

 

qué otra cosa somos sino esta pobreza?

un pecho latiendo sobre el otro

los brazos tensos los huesos

de la cadera acariciándose torpes

como la lluvia

algún sonido la boca apenas húmeda

roja rajada rota

una fragancia qué otra cosa

más que un nombre que no deja

de nombrarse alguien que no está?

 

cogemos, sí­

y casi siempre acabamos

recogiendo las prendas sin mirarnos

y con un poco de odio

tal vez temor, quién sabe

nos vestimos

 

lo ves? somos diferentes

mirá mi remera mirá

mi pantalón mi pelo mi gesto pleno

 

un poco después la lluvia

 

no vas a verla

 

 

 

 

x

 

dormir con el ventilador en máximo

ya sea que haga frí­o, dormir así­

acariciado por la brisa tan suave tan fresca tan

tonto entre las sábanas tan solo

y desnudo

 

entre las sábanas dormir

con el ventilador en máximo

y las luces apagadas

abrir los ojos ahogarlos en los charcos

que se abren en el techo

llenarlos de noche, cegarlos

te vas cuando quiero quedarme

 

volvés cuando por fin me estoy yendo.

qué vas a hacer conmigo qué voy a hacer yo?

servir un vaso de agua

un vaso de leche escuchar the dark

side of the moon hasta que caiga dormido

en la bañera?

 

voy a escribir poemas voy a buscar

como perro en la basura o peor

como chico que busca en la basura

un poco de comida un juguete un papá

o simplemente dormir con el ventilador en máximo

en la madrugada de nadie?

 

 

 

 

x

atreviéndome a más

le dije que la querí­a

y que la extrañaba de vez en cuando

 

no volví­ a verla.

 

 

 

 

 

 

 

x

 

no se me para y sonrí­o

sin que te des cuenta.

me preguntás qué pasa, me preguntás

si quiero y perdón:

 

no

 

no me gusta coger a la velocidad del vicio

no me gusta hacerlo sin amor aunque sé

que no debo admitirlo en voz alta.

nuestro machismo nos devora también

a nosotros

ni hijos llorones ni poetas más tarde, hombres

que tiramos nuestros juguetes

que dejamos de visitar a las abuelas, que

olvidamos llorar cuando nos joden demasiado

y nos encerramos en los autos que tenemos que tener

en la fuerza que no tenemos.

fumamos sin parar, sin pensar

a quién queremos volver con cada pitada o mejor:

de quién escapamos

tan asustados, tan

insuficientes.

entonces no se me para, mi sangre está frí­a

muy frí­a, como sin enterarse

de toda tu dulzura

 

perdón

 

extraño a otra mujer, a una

que sigo buscando aún sabiendo que no va a volver, aún

sabiendo que no debo admitirlo

y sonrí­o

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

x

si fuera posible

te llevarí­a a pasear por algún verano de mi infancia

te mostrarí­a cada plaza y cada árbol

cada sol

 

incendiarí­amos bastantes hormigueros

 

después irí­amos en bicicleta a comprar ciruelas y kiwis

dormirí­amos una siesta a la sombra de un espinillo

escucharí­amos Because de los Beatles

 

si fuera posible

te hablarí­a de mis miedos y escucharí­a los tuyos

sentados en la cama de mi pequeña habitación

 

luego

te desnudarí­a y me desnudarí­a, en silencio

frente al largo espejo

para mostrarte lo hermosos que somos, así­ débiles

así­ manchados

para que veas que no hace falta nada más

 

si fuera posible harí­amos el amor una y otra vez

 

pero el tiempo vuela

y no recuerdo mucho de mi infancia,

hace tiempo dejó de interesarme incendiar a las hormigas

no sé dónde dejé la bicicleta y dudo

que el espinillo no haya sido arrancado

 

estoy borracho en mi habitación

estoy solo

 

acabo de masturbarme

 

entre el percudido parquet de mi casa empezó a crecer la maleza

 

 

 

 

 

x

 

otro dí­a que se acaba.

más tarde el verano

perdiendo sus soles arrastrándolos.

quedarán, con suerte

las ramas arqueadas y solas

el crujido de las hojas secas

algunas frutas todaví­a tibias.

quedará el mar salpicando su frí­o,

el recuerdo de un amor, nada.

es imposible ir contra el viento

aunque intentes sostener algo de todo aquello

apretarlo en tus manos.

la vida es inmensa, y vos

tan pequeño

tan tonto

 

 

x

la delicadeza

con que la noche se desliza

sobre las ramas, sobre las piedras

le da cierta nostalgia.

en sus sienes, las venas laten azules

y temblorosas como hojas secas.

no sabe qué hora es, qué mes, qué dí­a.

así­ ocurre con quien espera. nada hay

para quien espera.

de pie sobre el pasto, solo, aquel chico

con los ojos empañados

puedo ser yo, o vos, y los dos

podrí­amos decir:

tu amor es como el patio de mi infancia,

tu amor es el lugar más bello

y también el más triste.

entonces sopla el viento.

 

 

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Adrián Agosta nació en Parque Patricios en marzo de 1994. Sin embargo creció en un barrio de Adrogué, en el sur de la Provincia de Buenos Aires. Allí­ se desempeña como profesor de Lengua y Literatura y también allí­ coordina, sin ningún éxito, talleres de lectura en el Profesorado n ° 35. Asiste a los talleres de Osvaldo Bossi desde septiembre del 2017. Los poemas aquí­ seleccionados forman parte de su primer libro, todaví­a inédito.