Razones para leer a Lucí­a Fernández, por Sifrim

Razones para leer a Lucí­a Fernández, por Sifrim

Los poemas de Lucí­a Fernández son diáfanos, precisos, sensoriales. Todo quiere ser mirado para acontecer, todo se estudia en relación al cuerpo propio y se prueba casi como disfraz. ¿Qué pasarí­a si? Fernández va festivamente de los sentidos a la especulación del pensamiento y viceversa.
Diminuta o gigantesca en relación al mundo de las cosas y los animales, la que habla va anotando con su lapicera lo que sucede y procura sostener una mirada pura, evitar lo fragmentario y lo imperfecto o treparse a ello para estudiar sus circunvoluciones. Cada poema ensaya un movimiento teatral y algún experimento de los sentidos que no concluye, que siempre se desliza e induce a uno y otro más. Lo que suena, lo que se toca, lo que se elige para ver con otra luz.
Piedras pulidas las palabras de Lucí­a Fernández, trabajadas con fe en la poesí­a, con placer sonoro y amorosa constancia. Todo en ella auguraba desde muy temprano un manantial de artista, generoso, fresco, insobornable. Estos poemas no hacen más que demostrarlo.

 

 

I

Duerme a mi lado, flotan almendras

debajo de sus párpados.

La voz que canta ondula el habla,

quisiera ondular algo aún cuando

la ponzoña engorda el vallecito

que aúpan mis caderas.

 

II

En una plaza del centro los pájaros esnifan migas,

rodeo con la mirada el hueso roí­do de un choclo,

el dolor quieto anida, es el invierno, es el otoño

de las conjeturas latiendo encima de la frente.

La floración de ciruelos está lejos, pero un niño

lleno de sentimientos tiernos frota el lomo

del cachorrito abandonado que todos somos.

 

III

Veo constelaciones, no estrellas

y tengo que esperar a que las veas.

Poner el dedo encima y dibujarlas

marea como un tren moviéndose,

quiebra el ví­nculo, lo baja, enfrí­a.

Cuando se trata del amor tengo

depositada la narrativa en el silencio.

 

IV

Deferencia a la diferencia

al alejamiento, si vuelve,

la cortesí­a de un abrazo.

Menos preposiciones

a fin de hallar sentido

en cosas que estaban

antes de que llegaras:

los padres, los abuelos

de un paí­s que ya no es.

Escamas, plumas, pelo…

Que un fuego avive otro,

situarse en lo gregario.

 

V

Las especulaciones de los ascensores

prescinden del plano horizontal,

lo asfixian.

El paisaje sostiene la mirada

chocando contra la vasta luz

que riega los carozos.

Estas orugas buscan la múltiple razón

para dormir y levantarse de la cama…

Pudiendo ser tambor de las polillas,

subieron mariposas.

 

Lucí­a Fernández nació en La Pampa en 1986. Es Licenciada en Ciencia Polí­tica de la Universidad de Buenos Aires, profesora de idiomas, traductora y acaso poeta. Hija de Pablo y Adriana, hermana de Emanuel. Vivió en Nueva Zelanda y China, actualmente reside en Buenos Aires. Publicó crónicas de viaje, traducciones y artí­culos en diversos medios, y el poemario "Para otra Soledad" en la editorial Peces de Ciudad.