Microrreflexiones en torno a qué clasifica como arte

Microrreflexiones en torno a qué clasifica como arte

I ¿Quién hará de policí­a de la poesí­a?

Hace varios años me invitaron a una charla sobre ciclos de poesí­a en el Centro Cultural de la Cooperación. Luego de que leyéramos algunos poemas, vinieron las preguntas de los moderadores y uno de los invitados, no recuerdo bien a partir de qué pregunta, expresó su preocupación por la proliferación de ciclos de poesí­a que no eran buenos ciclos ni difundí­an buena poesí­a. ¿Cuál serí­a el problema de que existan ciclos que hacen mala poesí­a?, me pregunté mentalmente. Y en tren de pensamientos, también me surgieron más inquietudes: ¿dónde está la lí­nea que divide la poesí­a buena de la mala y quiénes serí­an los policí­as de esa frontera encargados de decidir qué sirve (y queda) y qué deberí­a evitarse? Una vez distinguida la buena de la mala poesí­a, ¿quién irí­a a obligar que cierren esos ciclos que no estaban a la altura? Intenté plantearlo en el debate, pero todo terminó como termina ese tipo de discusiones: el indignado siguió pensando que era un problema que se hiciera mala poesí­a y yo me quedé rumiando mis preguntas.

 

II Dejá de fingir que el arte es difí­cil

Hay artistas para todos los gustos. Por suerte. No perdamos jamás de vista este hecho. Yo, particularmente, soy fan de los artistas que promueven un arte relajado, incentivando la aceptación en una suerte de reflexión inclusiva de lo que clasifica como arte (esto es: que tiende a ampliar el conjunto de obras de arte y no a limitarlo). Un ejemplo es Amanda Palmer que escribió el "Himno al ukelele" donde nos convoca a dejar la queja de lado, porque hacer arte no es algo difí­cil: lo dice basándose en lo fácil que es aprender a tocar el ukelele y hacer música. No solo eso, cuando sacó su disco financiado por crowdfunding, en alguno de los combos que podí­as comprar para ser parte de la campaña, además del CD te mandaba unos stickers que decí­an "ART" o "NOT ART" para que las pegaras donde te pareciera que correspondí­a y le enviaras unas fotos (solo logré recuperar estos ejemplos de Internet: https://ar.pinterest.com/jillydreadful/art-not-art/ y http://ntropie.soup.io/post/268891310/ART-NOT-ART-via-Amanda-Palmer).

Fue también por esa época que Cecilia Giménez saltó a la fama por restaurar el Ecce Homo, un mural en un santuario de Zaragoza, España. Las redes fueron furor de chistes y memes, y esta restauración, que en un principio parecí­a una desgracia, dio lugar a más arte: documentales, musicales, canciones y más, inspirados en Cecilia.

Y solo para unir a estas dos artistas, les dejo un link para que vean la remera que Amanda Palmer vendió por esos dí­as, con el Ecce Hommo de Cecilia y una lí­nea de su canción Ukulele Anthem: stop pretending art is hard (que en español significa lo que puse de tí­tulo a esta sección).

 

III Trapito

Pero están también aquellos que gustan de un arte más… ¿qué serí­a lo opuesto a relajado? ¿más tenso? Sí­, eso: más tenso y exclusivo (como opuesto a inclusivo). Donde el foco está puesto en el esfuerzo y el virtuosismo (algo cercano, podrí­amos decir, a la meritocracia). Son los que pusieron el grito en el cielo cuando a fines de 2016, Agustina Quiles ganó el Primer Premio Adquisición de Pintura del Banco Central por su obra sin tí­tulo a la que ahora todos recordamos como "Trapito". No voy a entrar en la discusión de si eso lo podrí­a haber hecho yo con un valerina viejo de mi cocina, o —respetando el tamaño— con la cortina del baño raí­da. Primero, porque de hecho NO LO HICE y no mandé nada de eso al concurso. Por lo tanto, que lo sepan: no me gané los 50.000 pé (que hoy dí­a con la inflación ya no son nada). Segundo, porque yo no sé mucho de artes plásticas, así­ que prefiero no opinar. Tercero, porque no tengo idea de cuánto tiempo le llevó hacerlo. Cuarto, porque tampoco me parece un parámetro el tiempo que le llevó hacerlo y no comulgo con la idea de que el arte necesariamente tenga que tener el ingrediente del virtuosismo. He visto cuadros que parecen fotografí­as, y me he preguntado: ¿tanto trabajo para que esto quede igual a una foto? ¿No era lo mismo y más fácil sacar una foto? Pero tampoco quiero ahondar en estas preguntas, o en este juicio de valor, porque estarí­a pecando de lo mismo que aquellos que se indignaron con el trapito.

 

IV Comercial vs. artí­stico

Me da risa esta distinción. Se da sobre todo en el cine y el teatro. Hollywood hace cine comercial y después están las pelí­culas de cine arte. O la diferencia entre el teatro de la calle Corrientes y el off. Pretender sacar del medio el dinero que mueve el arte, me parece, como mí­nimo, naif. No estoy diciendo que es todo lo mismo. No. Estoy diciendo que no veo por qué no podrí­a también ser comercial el cine arte, o el teatro off. Porque, ojo, si no entramos en la famosa zona peligrosa de creer que porque uno hace arte (y disfruta haciéndolo) no deberí­a esperar una compensación económica a cambio. Le pasó a un amigo ilustrador negociando sus honorarios: como él se quejaba de que lo que le ofrecí­an era muy poco, le retrucaron: ¿de qué te quejás, si hacés lo que te gusta? Habrí­a que ver si hay médicos haciendo lo que les gusta y bajarles el salario. O abogados. O ingenieros.

 

V ¡Gracias, Frank!

Por supuesto que existe la mala poesí­a y que no todo es arte. Por supuesto que he visto cuadros, pelí­culas e instalaciones, y he leí­do libros que me parecieron prescindibles, si no horribles. No pongo en duda eso. Pero me parece muy simplista pensar en una grieta que divida el arte de lo que no lo es. Primero, porque seguramente haya grises: no solo en la calidad de la obra, sino en los parámetros para evaluarla. Segundo, porque al pertenecer a la esfera de la factorí­a cultural humana, no podrí­a clasificarse en secciones estancas y fijas… (pienso también en las clasificaciones de las especies, por nombrar una clasificación cientí­fica, y de pronto se me aparece un ornitorrinco que comparte caracterí­sticas de aves y mamí­feros).

El problema, me parece a mí­, está en querer definir al arte desde el objeto o producto en sí­ mismo, dejando de lado todo lo que implica un hecho artí­stico. Frank Zappa lo dejó bien claro en su libro The Real Frank Zappa Book: lo más importante es el marco; es decir: hay que delimitar un hecho u objeto, señalizar dónde termina el mundo ordinario y dónde comienza el hecho artí­stico u objeto de arte. Porque si no, "¿qué es esa porquerí­a que hay sobre la pared?".

Lo más importante en el arte es El Marco. Para la pintura: literalmente hablando; para otras artes: figurativamente —porque, sin este humilde instrumento, no podés saber dónde termina El Arte y empieza El Mundo Real. Tenés que ponerle una "caja" alrededor porque si no, de otro modo, ¿qué es esa porquerí­a que hay sobre la pared? Si John Cage, por ejemplo, dice, "Estoy poniéndome micrófonos de contacto en la garganta, y voy a beber jugo de zanahoria, y ésa es mi composición", entonces su gorgoteo clasifica como su composición porque puso un marco alrededor de él y lo dijo. "Tomalo o dejalo, ahora yo deseo que esto sea música". Y después, es sólo cuestión de gustos. Sin ese marco-anunciado, es un tipo tragando jugo de zanahoria. The Real Frank Zappa Book, Chapter 8 - Frank Zappa, Peter Occhiogrosso.