El espacio del tiempo infinito

El espacio del tiempo infinito

Rabia y relojerí­a

Macarena Trigo

Qeja ediciones

2019

111 pp.

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"No creo en los comienzos…"

Hacer que el tiempo sea infinito. O, mejor, descubrir que el tiempo es infinito. Como en las paradojas de Zenón de Elea, que plantea que si algo o alguien debe desplazarse de A a B, como antes de llegar a destino tiene que alcanzar la mitad del recorrido, y luego, la mitad de la mitad, y así­â€¦, y como podemos dividir la mitad de la mitad de la mitad al infinito, por ende concluye que nunca se llega a destino. Es claro, entonces, que si el espacio es infinito, en estas paradojas, el tiempo también lo es. Entonces, ¿el tiempo no para o el tiempo no pasa? Macarena Trigo intenta esta infinitud en Rabia y relojerí­a. Tiempo y espacio van juntos, como en un guión de cine. Y son los fotogramas de esa pelí­cula (el recuerdo y la elucubración de lo que fue) los que pueden analizarse y desmenuzarse siempre en pequeños subniveles y estratos cada vez más detallados e imperceptibles.

 

"Amar es un verbo irregular. No sé cómo hacen los otros, a qué se aferran a la hora de construir un ví­nculo."

La rabia es una rabia controlada, impotencia ante la (supuesta) habilidad de quienes pueden pasar por la vida prescindiendo de tanto detalle. ¿Cómo hacen los otros? Sin embargo, no es una rabia paralizadora, destructora, es más bien creativa, expansiva, como un Aleph que logra condensar en pocos dí­as (un instante) toda una historia de amor, todos los recuerdos que esa historia de amor desata, y hasta la inapelable sensación de que todo está conectado con todo (No creo en comienzos…).

 

"Lo importante nunca es la respuesta, lo importante, siempre, es la escritura, ese tiempo dedicado a elegir las palabras convenientes, las mejores para el caso."

Macarena Trigo arma, con destreza de relojera, un yo poético a la altura de esta conveniencia.

 

No me enamoro

de vos

que sos

prudente

La prudencia del otro como opuesto a la rabia de una, o como disparador de un tipo de rabia que, como dijimos, no explota sino más bien despliega a partir de la decepción un lugar aprendido a partir de la experiencia de las desilusiones de la vida, como un hábito:

"Amar: desaprender."

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"Las cosas que no son, también suceden."

Sucede todo aquello que pensamos. Toda vez que pensamos algo, eso sucede y, por lo tanto, es. Podrí­amos entonces prescindir del verbo "ser". Tiempo y espacio son infinitos. No hay lugar ni tiempo que no sea. No hay nada que pueda no ser. ¿Quién inventó el verbo "ser"?

 

"…resulta imposible no emocionarse con el raro fenómeno que es el tiempo."

La rabia, entonces, como una emoción delicada, controlada, acostumbrada. La rabia propia o la del otro (V me pidió que dejara de escribirle) que reacciona a nuestra relojerí­a. Y la relojerí­a, esa necesidad de desarmar las piezas diminutas y perfectamente ensambladas de un reloj con la ilusión de entender, o al menos vislumbrar, lo que hay/es/está en el tiempo.

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