Rebelde, irónica, explosiva, sensible: Mai Zubí­n

Esta muy joven e incipiente escritora ya no podrá dejar de escribir porque la pasión se corrió hasta sus venas. Y se corrió también a cada acto de su vida, como algo dinámico y mágico, como algo sin fecha de vencimiento. Vi aparecer este proceso en Mai Zubin desde el primer dí­a que tuvimos una charla; inalterable, tenaz.

Mai Zubí­n nació en Buenos Aires, en el año 1999, cursó sus estudios secundarios en I.E.S. Lenguas Vivas Juan Ramón Fernández, y recibió el primer premio en el Concurso Literario de 2016 de su colegio: A 40 años del último Golpe Cí­vico Militar. Participó del taller "Narrativa 2.0" del Centro Cultural Recoleta y recibió el tercer puesto en un Concurso de Cuentos de la Universidad de San Isidro en 2017. También obtuvo una beca en la Universidad Torcuato Di Tella para cursar sus estudios universitarios.

Y entre tanto que ya hizo con su corta edad, se vislumbra la fuerza para conseguirlo, en sus escritos de narrativa y poesí­a.

Mai dice

Que su proceso de escritura comienza escribiendo cuando sea y donde sea sin disparador o una idea. Si tiene tiempo, la desarrolla en el momento o bien en cualquier viaje en el transporte público en el celular o en su cuaderno de escritura. Siempre lleva un cuaderno y lapicera a todos lados. Trata de escribir fuera de su casa y cuando siente que el texto le gusta, lo pasa a su computadora y hace las correcciones necesarias. A veces, comparte sus textos en el taller de escritura, por las redes sociales o se lo queda.

Mai también dice que sus autores preferidos son Manuel Puig, Murakami y Cortázar, nada más y nada menos y que prefiere la poesí­a o las novelas románticas.

Y como si eso fuese poco Mai se ve en un par de años escribiendo algún libro o en alguna revista. Haciendo eventos culturales, principalmente de lectura y tal vez gestionando una editorial y también investigando sobre lingí¼í­stica.

Así­ es como Mai se anuncia a este camino que siempre es sorprendente y arduo, el de la escritura. Mai, rebelde, irónica, explosiva, sensible. Con un lenguaje contundente Zubí­n deja que las neuronas se alucinen y te devoren vivo, cito: Paradoja

La cruz que le regaló su abuela cuelga de su cuello y cuando su pecho se achica, ésta emite un destello. Es una mujer culposa: sus pecados le pesan y llora cuando el diablo se acerca. Con sus pies esposados y sangre en sus manos, camina con la cabeza en alto, acariciando su cruz, ignorante que, sobre su pecho, se posa la mismí­sima arma con la que se mató a Jesús.

O cuando nos clava su lanza en una poesí­a, cito:

Voces

Nadie, ningún cuerpo dice,

nadie lo oye

Nadie; aquí­

cuanto se diga, sino tú

Noche y aguas: la vibración

de un árbol

asesinándote

La tierra se mueve por acción

de un cuerpo arrastrándose

en la noche.

Has desaparecido.

 

Escribe, sin embargo,

Grita

Sin voz

Ni vos

Sino tú:

Cuerpo empapado del color de la tierra

Escribe mi voz:

tus aguas.

 

Sé que me perdí­ porque

Le puse con demasiada delicadeza el azúcar a tu té. Me desperté a taparte en medio de la noche y me obsesioné con las lí­neas en tus manos secas. Me muero de ganas de cocinarte ñoquis con crema y el otro dí­a te pensé cuando una chica leí­a poesí­a. Me fui del camino:

ya sé

exactamente

en qué

rincón de tu

piel

empiezan las

cosquillas

Cuando tení­as los ojos cerrados, me quedé mirando ese tobogancito que tenés sumergido en la barba, entre la boca y la nariz, y, sin que te dieras cuenta, lo acaricié. Entendí­ que me hundí­ en vos porque me gusta el olor de tu piel. Mientras dormí­as, me tiré por todos tus toboganes: nariz, comisuras, orejas, claví­culas. Me parece que me pasé de parada porque podrí­a dibujar en carbón los túneles espiralados de tus orejas o hacer un mapa astrológico de las constelaciones que forman los lunares de tu espalda. Creo que me zarpé porque te invité a mi ventana y te perdiste mirando.

 

 

Pecas

                                                                                      ¿Es que todo lo que gira

                                                                                        se deshace en el lugar?

 

Al color el cuerpo le huye

empero

las pecas

se acomodan en el rostro

rebeldes

alborotadas

desprolijas

como tatuajes salpicados

por el tiempo

una por la primera risa

o lágrima

primer susto, abrazo, mascota

o cerveza

la primera vez

y otras más

por peleas, pelí­culas

discos

poemas

o vací­os

A veces,

vas a querer pintarte un lunar

para pegar un beso a tu piel

o imaginando tu voz

riéndose

pero

cuidado

el llanto

borra toda peca

todo lunar

toda tinta transparente

el rostro se desnuda

y debe enfrentarse

al reflejo

de lo que en verdad es

Por eso

voy a envolver

tu piel

tu papel

y tu recuerdo

en cí­rculos

pecas

lunares

y versos

te voy a dar todo mi color

porque la palidez

no vive

pero nunca

muere

 

Esta es Mai Zubí­n, una escritora que saltó al mundo, al universo, para no regresar. A disfrutarla.