Un poco acá y un poco allá

Un poco acá y un poco allá

Imagina la felicidad

Maumy González

Qué dirí­a Ví­ctor Hugo?

Buenos Aires, 2017

 

 

Con los mismos aplomo y destreza, Maumy González nos conduce por las aguas de lo mágico y lo extraño, que puede estar escondido en lo real, y por las aguas de lo fantástico.

El tí­tulo de este libro es casi un pedido, entre los cuentos que lo componen encontraremos más momentos raros, violentos, y frustrantes que felices.  La escritora venezolana nos invita a conocer escenas de puro realismo en las que se cuela la poesí­a con imágenes como "Me rodea el cuello, apretando, hasta quedar cómoda, los colmillos ponzoñosos clavados en mi nuca". Nos muestra, además, en otras historias, su vuelo imaginativo en los detalles extraordinarios, incluso hasta del estilo David Lynch, como un personaje inquietante que hace lo que quiere de quienes lo ven.

Al leer a Maumy nos encontramos espiando a través de la cerradura a personajes completos, sólidos, bien pensados. Ellos actúan en una prosa contundente y nosotros entendemos perfectamente qué está sucediendo, así­ sea algo terrible o inexplicable.

El vocabulario no del todo porteño les da a estos relatos un tinte a la vez lejano y cercano, dada la alta inmigración venezolanade los últimos tiempos en Argentina, y particularmente en Buenos Aires. Sin embargo, esto no resulta un obstáculo para los lectores, al contrario: son historias que suceden un poco acá, un poco allá. Nos identificamos con las situaciones e idiosincrasia latinoamericanas. Es más, estas historias podrí­an suceder en cualquier sitio. Esta universalidad podrí­a hacer que en no mucho tiempo, Imagina la felicidad pueda convertirse en un clásico.

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¿Cómo sentí­s que influye el cambio de geografí­a en tu escritura?

Suelo decir que comencé a escribir en serio cuando me mudé a Argentina. Digo en serio porque antes de vivir acá escribir para mí­ era una especie de ejercicio de relajación.

Viviendo en Buenos Aires comencé a tomarme la escritura desde otro lugar, más como un oficio, como una profesión. Haberlo hecho de esa forma implicó un proceso de aprendizaje lento y sostenido. Mientras viví­a en Venezuela, una de las cosas que solí­a preguntarme, por poner un ejemplo, era si debí­a escribir "gatico" o "gatito". Me molestaba tener que escoger, para mí­ un gato chiquito es un "gatico", no un "gatito", aunque "gatito" también me suena bien. Sin embargo, en aquella época no tení­a ni idea de por qué tení­a que decidir usar una forma u otra. Y todaví­a estaba en mi paí­s de origen. En tales casos terminaba prescindiendo del diminutivo. Acá, y ya escribiendo enserio, me di cuenta de que la cuestión no solo implicaba decidir usar ciertos diminutivos, sino que iba más allá, las verduras tení­an otro nombre, las costumbres también, incluso las expresiones o los insultos. Se me armó una ensalada mental. Tuve que comenzar a decidir, a conciencia y con cuidado. Sí­, vivir en otra geografí­a implicó un cambio en muchos sentidos, entre ellos la escritura, pero fue uncambio enriquecedor. He aprendido nuevas palabras, nuevas expresiones y muchas veces me encuentro mezclando cosas. Pero lo disfruto, me gusta ser consciente de por qué usar una palabra y no otra, escribir no es un oficio estático, es un aprendizaje constante y eso lo hace hermoso.

 

Te movés con soltura en el realismo y en lo fantástico. ¿Sentí­s que tu escritura tiende a asentarse en alguna de las dos orillas?

Me crie en una familia donde hay grandes contadores de historias. Recuerdo muchos encuentros familiares donde los mayores se agrupaban a esperar a que se cocinara el sancocho y entre tragos de cerveza contaban anécdotas muy locas. Algunas de esas historias eran realistas, colmadas de un humor muy ácido, otras eran fantásticas,atravesadas por cuestiones sobrenaturales. A mí­ me fascinaba cualquiera de ellas. Me encantaba sentarme entre los grandes a escuchar y grabar mentalmente. Desde aquella época creo que me quedó la idea de que no hay un lí­mite tangible entre una cosa u otra. Me gusta pensarlo como un film permeable. ¿Por qué una historia fantástica no puede estar enmarcada en una situación realista y viceversa? Eso es algo con lo que me gusta jugar.

Por supuesto, he llegado a escribir historias puramente realistas o puramente fantásticas. A veces lo decido a consciencia, en otras ocasiones surge como una especie de pase mágico.

No me gusta asentarme en un solo lugar. Soy inquieta, quedarme con una serí­a restarle algo de la magia intrí­nseca que para mí­ tiene la escritura.

 

¿Qué libros hay en tu mesa de luz ahora?

Tengo pilitas de libros en todos lados. Justo ahora, me acabo de levantar a revisar, y en mi mesita de noche (para mí­ es mesita de noche, no mesa de luz) tengo Historia de las pulgas que viajaron a la Luna de Kobo Abe, Los silencios de Mauricio Koch y Un largo rí­o de Pí­a Bouzas.

 

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Maumy González nació en Venezuela en 1974. Es ingeniera y escritora. Desde 2005 vive en Buenos Aires. Sus textos han sido publicados en revistas y suplementos literarios. Su libro de cuentos Todas las mañanas un muerto (La Letra Eme, 2014) recibió Primera Mención Honorí­fica por el Fondo Nacional de las Artes. En 2016 resultó finalista en el Concurso Literario Internacional "Ángel Ganivet" (Finlandia) y recibió una Segunda Mención en el Premio Municipal de Literatura "Manual Mujica Láinez" (Argentina). Actualmente es secretaria de difusión de la revista literaria La balandra; trabaja en la prensa y difusión de escritores; dicta talleres de narrativa y editora del blog #LaAquateca (www.aquateca.com.ar). Imagina la felicidad es su segundo libro de cuentos.