Convertirse en escritora

Convertirse en escritora

Weiwei

Agostina Luz López

Editorial Notanpuan

128 pp.

 

 

¿Qué es lo que convierte a una escritora en una escritora? Weiwei se desenreda en los alrededores de esta pregunta.

Así­, el sugestivo capí­tulo 0 narra la estadí­a de la narradora en una residencia literaria en el pueblo medieval de Marnay, desde el dí­a de su llegada hasta el de su regreso. "Tengo tres semanas para escribir (…). Armo un plan, hago un cronograma (…). El objetivo es ver lo que une a todos estos relatos fragmentados", señala para dar cuenta de esa experiencia.

El resto de los capí­tulos que conforman la novela —excepto el último, que vuelve sobre los dí­as en Marnay y, en particular, sobre el personaje de Weiwei— parecieran ser el resultado de esa operación de hilván: un engarzado unido fundamentalmente por la voz que construye el texto, una construcción en primera persona, pariente cercaní­sima de la novela autobiográfica, aun —y sobre todo—en el capí­tulo que se narra en tercera.

En este sentido, la trama avanza centrando la miradaen distintos ejesde la construcción identitaria de la protagonista: las relaciones de pareja, las amistades, la tragedia, la muerte y las formas del amor. De todos ellos, quizá el más fuerte es la mirada sobre la familia. En esta lí­nea, puede decirse también que la novela se desarrolla en torno de un mandato: "Tenés que escribir lo que le pasó a esta familia porque si no te vas a enfermar, porque es una familia enferma y la enfermedad es una fiebre, una alucinación, te trastorna para siempre, la mirada del mundo real que está ahí­, esperándonos para vivir", sentencia la madre a una narradora que parece extremadamente vulnerable a las sentencias.

De este modo, el capí­tulo 4, "La pasión familiar", parece ser la gran apuesta de la novela y concentrar el corazón de sus interrogantes: ¿qué hace que se ame a una mujer y luego a otra tan distinta?, ¿qué es aquello que se hereda?, ¿cómo dar cuenta de las transiciones?, ¿es posible conocer a otro a través de sus textos? Narrado í­ntegramente en tercera persona ("Ya no quiere escribir en primera persona porque se siente demasiado expuesta"), este capí­tulo engendra el principio mismo que sostiene la narración: no ir hacia adelante, sino "explorar el movimiento hacia los costados".

"Creo que perdí­ mis anteojos", señala la narradora en la primera página del libro, para preguntarse, apenas unas lí­neas más adelante, qué sucederí­a si se adaptara a su talento para ver de cerca. Fiel a sí­ misma, la trama se funda sobre esa necesidad, siempre desfasada, de hacer foco.

Recién en el tramo final la novela retoma el personaje de Weiwei que le da tí­tulo; desgrana la historia de ese personaje que fascina a la narradora en el inicio y elige, por segunda vez, omitir la relación que entre ellas se funda, como si hubiese una decisión deliberada de traicionar las expectativas del lector modelo.

Como si convertirse en escritora se tratara —también— de eso.

 

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¿Cómo definirí­as "novela"?

Me gusta una frase de Mario Levrero que cita Alejandro Zambra en su libro No leer, donde dice que novela es todo lo que existe entre tapa y contratapa.

Me parece la definición más atinada y, aunque hay un poco de resignación, hay mucha lucidez y amplitud de mirada.

 

¿Primera o tercera persona? ¿Por qué?

Siempre suelo escribir en primera persona, porque en general apelo a textos í­ntimos en donde se despliega una interioridad. En Weiwei cuando aparece la tercera es como una falsa primera, donde la narradora juega a distanciarse más. Ese capí­tulo, "La pasión familiar", para mí­ es como si ella agarrara la cámara, creando más capas de distancia para contar la historia de su propia familia.

Creo que igual cualquier decisión será afí­n a lo que uno esté narrando, pero la primera es históricamente la que más uso, ya sea por ser la protagonista o para dejar que se vaporice ese "yo".

 

En Weiwei se escribe, pero no se lee. ¿Cuáles dirí­as que son las lecturas de esta narradora?

Serí­an Alejandro Zambra (toda su obra), Mario Levrero (sobre todo la novela Luminosa), Alice Munro (La vista desde Castle Rock)

 

¿Qué diferencia un dí­a en que escribí­s de un dí­a en que no escribí­s?

A veces leo mucho, y de alguna manera es como estar escribiendo. Entonces separo los dí­as interiores donde leo y escribo y estoy mucho tiempo en mi casa de los dí­as de acción donde ensayo, doy clase, hago yoga y trámites. Son dos energí­as que se despliegan. En los dí­as interiores soy capaz de irme extremadamente para adentro, me siento una babosa que se arrastra por la casa como si no tuviera cuerpo y estuviera en una especie de estado sonámbulo. En los dí­as exteriores, puedo tener mucha energí­a y hacer muchas cosas, la fuerza me la dan los otros, los paisajes, la adrenalina de la ciudad.

 

 

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Agostina Luz López es directora y dramaturga. Se formó con Lola Arias y Nora Moseinco. Es egresada de la EMAD, que dirige Mauricio Kartun. Estrenó Mi propia playa (2009) y La laguna (2012). En el 2011 fue elegida como artista residente para el festival Zurcher Theater Spektakel, en Zurich, Suiza, y en 2012 trabajó junto con Laura Kalauz en la obra Punto de fuga que se realizó en octubre del 2012 en el Monologue Festival del Theaterdiscounter, en Berlí­n, Alemania.