Respuestas sobre el arte que nos dieron diversos artistas

Respuestas sobre el arte que nos dieron diversos artistas

Acudimos a trece artistas para que nos respondieran estas dos preguntas:

1. ¿Qué considerás vos que es un artista?
2. ¿Cuál es tu relación con el arte?

 

Andrea Álvarez (música)

 

1. Hoy en dí­a es muy difí­cil diferenciar alguien que hace "algo" de alguien que hace arte. Yo utilizo la intuición, las tripas.

En el arte hay "algo" que no sé si es conflicto o qué, pero que lo diferencia de "alguien que tiene la habilidad de generar una cosa". Traspasás eso de "ah que lindo" para ir a otro plano difí­cil de explicar por suerte.

Por ahí­ es eso: el artista no se puede explicar. Es.

 

2. Mi relación con el arte es de manera tal que lo llevo en una parte de mí­ las veinticuatro horas del dí­a. Esa parte convive con lo cotidiano permanentemente y sufre un poco, porque es un lugar de soledad y la adversidad cotidiana muchas veces no la deja "ser". También tengo relación con el arte de otras personas, y eso es distinto, porque ahí­ si puedo conectarme en cualquier momento. Por suerte tengo la capacidad de disfrutarlo sin analizar demasiado (cuando lo analizo me doy cuenta de que no es arte, sino que es algo que suena o que se ve o que se lee).

Por ahí­ todo es arte, pero está en diferentes estanterí­as, como en un súper. Sin menospreciar a nada ni a nadie, por ahí­ hay categorí­as de arte que sirven para diferentes momentos de la vida o del dí­a. Como el azúcar y la sal.

 

Graciela Taquini (curadora)

 

1. Si hay algo que no soporto es a una persona que me da una tarjeta que dice artista plástico. También me hace ruido el término artista profesional.

Artista es un calificativo que depende del consenso de la historia y es mutante. La historia y la historiografí­a descubren artistas ignotos para su tiempo. Otra cosa es la práctica artí­stica, la formación artí­stica.

 

2. Como hago cosas efí­meras y virtuales no creo en el derecho de autor.

Yo he vivido desde que empecé a estudiar Historia del Arte dentro del arte. El arte me dio todo: amores, amigos, viajes, experiencias, satisfacciones. Pero no me la creo. Todo esta mezclado, la creación, la docencia, la teorí­a, la escritura, la gestión, y así­ se amasa mi vida. Creo en los deltas del arte en su porosidad y en su desarticulación constante.

 

Amalia Boselli (poeta visual, escritora y ludoeducadora)

 

1. Un artista es alguien que te hace sentir algo de todo esto:

a- el aroma a miel de un dibujo;

b- el acuoso cielo de una melodí­a en la boca del paladar;

c- la saliva cruel de un poema;

d- baladas profundas de goce;

e- carcajadas desbordantes de universos;

f- preguntas sin respuestas acumuladas en la retina;

g- antorchas que destellan fuegos artificiales en la oscuridad de la mente;

h- pasajero de un tren sin carril que conduce un simio;

i- navegante de un bote que se mece entre las nubes;

j- cuestionar el absurdo derrotero de la cosa;

k- alcanfor almí­bar almidonado;

l- o en la niñez;

ll- o en los sueños;

m- o cerca del misterio.

 

2. Es una relación cotidiana y vital. Por un lado, de entregarme al juego, compartido con los hijxs propios y ajenos. Tengo la suerte de trabajar con mucho placer en el juego: cantando, narrando, danzando, amasando, pintando e inventando mucho. Y esas experiencias con chicxs me transportan a estados creativos mágicos.

También en soledad, con un verso o un instrumento. En ese encuentro más intimo aparecen el vacio y la expresión como única forma de autoconocimiento.

Ese trazo es la manera que tenemos los humanos de vomitar, llorar, sanar, penar, duelar, amar, *sudar, sudar, sudar, ir de la sed a la sed.

*canción de Casandra da Cunha

 

Gustavo Garcí­a Novo (músico)

 

1. En principio, un artista es aquel que produce obras artí­sticas o, tal vez más apropiadamente, objetos artí­sticos. Un objeto artí­stico serí­a un tipo de cosa pensada exclusivamente para el deleite, más allá de todo valor material (u otra forma de valoración que no sea la estética).

Ahora, la producción artí­stica, dentro de lo que a la música se refiere, parece manifestarse de dos maneras diferentes, aunque complementarias: como producción en sí­ de una obra musical (una composición) y como una interpretación, tal como lo hace un instrumentista. Ambas maneras crean un objeto nuevo con las caracterí­sticas que arriba menciono.

 

2. Me relaciono con el arte al menos de dos maneras: como simple espectador, movido, supongo, por cierta búsqueda emotiva y de complacencia sensorial, y como artista propiamente, en la medida en que intento crear obras musicales (cosa esta última que, ciertamente, no puedo garantizar).

 

Iosi Havilio (escritor)

 

1. A mamá (que era una artista posta, dibujante precoz, pintoraza apasionada, pero sobre todo ¡artista brutal de la vita!) le encantaba llenarse la boca con la palabra artista. Le gustaba decirla con énfasis. Acentuar mucho la i. Para reivindicar a alguien, para denostar a otro, para dar y darse ánimo.

Hace muchos años, yo andaba por los diecisiete, me fue a despedir al andén de una estación parisina. Yo viajaba rumbo a no sé dónde, con los rulos erectos y enmarañados, un kefier alrededor del cuello y una mochila cargada de libros y libretas. El tren se puso en marcha y mamá apurando el paso sacó de su cartera un cuaderno y escribió con un fibrón negro: PARECES UN ARTISTA! Arrancó la hoja y la estampó contra la ventanilla. Me dio una vergí¼enza… Ser o parecer, esa la cuestión. Convertirse en escritor o en lo que mierda fuera es sencillo, se consigue a fuerza de sentar algunos ratos el culo, mandar un puñado de mails y practicar la paciencia. Dejar de parecer es la tarea, la tarea infinita. Igual para el polí­tico, el mago o el asesino. Sobre todo para el asesino.

 

2. El arte me da un miedo... Me da miedo todo lo que supone. Lo que calla, lo que otorga. Me dan miedo las inauguraciones, los catálogos, las epifaní­as. Me da miedo lo nuevo. Me dan miedo las interpretaciones. Algunas esculturas me dan más miedo que otras, pero casi todas me dan mucho miedo. Me dan miedo las modas, las corrientes, me dan miedo los crí­ticos, la tradición. Los colegas me intimidan. Me da miedo el borrador. ¡Los correctores, las obras en construcción! Me doy un miedo bárbaro, cuando escribo, cuando leo, cuando se me dispara la imaginación. Me da miedo la idea. La idea sobre la idea de la idea. ¡Me dan miedo los jurados, los rechazos, las felicitaciones! Me dan un terrible miedo los pelotudos de hoy, de ayer y de mañana. El pelotudo que soy. Me dan miedo los jóvenes, los consagrados. Los bustos me estremecen. Me da miedo el compromiso, la levedad. Me da miedo el oficio, la improvisación. Y la interdisciplinaridad… ¡Ay, qué miedo! Me dan miedo los artesanos, los fanzineros y los iluminados. Me da miedo el realismo, tanto como la abstracción. Me dan miedo los nombres, horror los apellidos. Los editores, ¡qué espanto! Me dan miedo las listas, los premios, las menciones. El entusiasmo… ¡Me dan pánico los caligramas, las nouvelles, los microrrelatos! Los trí­pticos me traen pesadillas imborrables. Los videastas me aniquilan. Me dan miedo las reseñas, las presentaciones. Me paralizan las vanguardias. Me dan miedo los caretas. Más los poetas. ¡Me dan miedo los gestos, los estilos, la voz propia! La soledad… sí­, la soledad también. Y los guetos y los outsiders y el fantasma del reconocimiento. Me dan miedo las ferias, los seminarios, los festivales. ¡Me espantan los gurúes, el canon, el prestigio! Me da miedo la fama, el éxito, el fracaso. Me da miedo todo lo que se nombra, lo que puede nombrarse, pintarse, filmarse, actuarse, esculpirse, performearse, cantarse, googlearse, chatearse, vomitarse... ¡Los mundos me fascinan!

 

(Un mail más tarde):

 

Querido, me entusiasmé y agregué unos miedos... Podrí­a seguir y seguir... Jajaja.

Más aún, le puse tí­tulo a la respuesta poeticona: Miedo al lomo.

Ahí­ va:

El arte me da un miedo... Me da miedo todo lo que supone. Lo que calla, lo que otorga. Me dan miedo las inauguraciones, los catálogos, las epifaní­as. Me da miedo lo nuevo. Algunas esculturas me dan más miedo que otras, pero casi todas me dan mucho miedo. Me dan miedo las modas, las corrientes, me dan miedo los crí­ticos, la tradición. Me dan miedo las interpretaciones. Los colegas me intimidan. Me da miedo el borrador. ¡Los correctores, el deadline, el work in progress! Me doy un miedo bárbaro, cuando escribo, cuando leo, cuando se me dispara la imaginación. Me da miedo la idea. La idea sobre la idea de la idea. ¡Me dan miedo los jurados, los rechazos, las felicitaciones! Me dan un terrible miedo los pelotudos de hoy, de ayer y de mañana. El pelotudo que soy. Me dan miedo los jóvenes, los consagrados. Los bustos me estremecen. Me da miedo el compromiso, la levedad. Me da miedo lo efí­mero, lo perpetuo…, los marcos, la chatarra. ¡Me dan miedo las ilustraciones, los párrafos, el lomo! La plata, ¡qué miedo!… La que me falta, la que me sobra. Miedo a la revistas, a los bares, a los suplementos. Me dan miedo los lectores, la timidez, los fanáticos.  Me da miedo el oficio, la improvisación. Y la interdisciplinaridad… ¡Ay, qué miedo! Me dan miedo los artesanos, los fanzineros y los iluminados. Me da miedo el realismo, tanto como la abstracción. Me dan miedo los nombres, horror los apellidos. Los editores, ¡qué espanto! Me dan miedo las listas, los premios, las menciones. El entusiasmo… ¡Me dan pánico los caligramas, las nouvelles, los microrrelatos! Los trí­pticos me traen pesadillas imborrables. Los videastas me aniquilan. Me da miedo la obra, el yo, los procedimientos. Me dan miedo las reseñas, las presentaciones. Me paralizan las vanguardias. Me dan miedo los caretas. Más los poetas. Me dan miedo los vicios… ¡Ay, pero qué encanto! Me da miedo la concentración, las redes, los disturbios. Me dan miedo los amores… No, eso no, ¡eso nunca! Me dan miedo los chantas, los auténticos. Me da miedo la buena voluntad, los progres, los reaccionarios. ¡Me dan miedo los gestos, los estilos, la voz propia! La soledad… Sí­, la soledad, por encima de todo. Y los guetos y los outsiders y el fantasma del reconocimiento. Me dan miedo las ferias, los seminarios, los festivales. ¡Me espantan los gurúes, el canon, el prestigio! Me da miedo la fama, el éxito, el fracaso. Me da miedo todo lo que se nombra, lo que puede nombrarse, pintarse, filmarse, actuarse, esculpirse, performearse, cantarse, googlearse, chatearse, vomitarse... ¡Los mundos me fascinan!

 

Rómulo Berruti (conductor de radio y televisión)

 

1. Un artista, en mi evaluación, es alguien que prioriza la sensibilidad y el placer estético por sobre la ventaja económica, que vive si ejercita su arte y, cuando no puede, solo sobrevive.

 

2.  Mi relación con el arte es bastante intensa en cuanto al arte teatral y cinematográfico, menos con otras disciplinas, aunque las valoro y creo que sé evaluarlas. También es cierto que la opinión crí­tica me separa un poco de la entrega absoluta a la obra; siempre existe el acto reflejo del análisis que enfrí­a la reacción emocional pura.

 

Verónica Gómez (artista visual)

 

1. Una persona muy ensimismada que de vez en cuando puede volverse permeable a la atmósfera en la que vive y —si tiene la suficiente convicción, fuerza e inteligencia— hacer algo que respire con su entorno, que respire a contramano incluso, pero que respire.

 

2. Ahí­ dividirí­a la cosa: el ejercicio es terapéutico, es placer. Aprendizaje. Nunca me hace sufrir una tela que estoy pintando, ni un dibujo que esté haciendo. Me parece una pavada sufrir por eso. En todo caso es obsesión, es tratar de encontrarle la vuelta a la cosa... Pero son espacios privilegiados para ejercitar la sensibilidad, espacios de libertad, de metamorfosis; no hay dolor ahí­, aunque la materia pueda serlo. Lo otro, la carrera, es lo otro. Lo otro necesario. Y se pueden dejar pasar trenes, y está bien que así­ sea. Trato de conservar un amateurismo saludable, de no subirme al tren en hora pico.

 

Gabo Correa (actor)

 

1. Un artista es una especie de loco que necesita realizar algo, sin saber bien para qué ni por qué. Y ese saber, esa razón que desconoce precisamente es la rebelión y la incomodidad de un mundo. Por eso la función del artista es indispensable en cualquier sociedad, porque somos unos de los kamikazes que nos animamos a algo a lo que la mayorí­a no tiene acceso, que es la búsqueda desenfrenada y frenética de algo que sabemos que puede cambiar las cosas. Pero también sabemos que estamos condenados a esa rebelión y a esa acción de modificar la vida. Y ese es un rol muy difí­cil de asumir, porque genera una gran expectativa en las demás personas que están esperando que les salvemos algo de sus vidas. Es una gran responsabilidad ser artista.

 

2. Mi relación con el arte es, en primera instancia, desde lo estético, lo formal, desde la forma, digamos… Digo como primera instancia porque es la manera en que es percibido. Y después desde lo emocional, profundamente desde lo emocional. Es el espacio, el lugar o el campo donde se genera el efecto esperado por el arte que es el cambio, la rebelión de algo, la subversión de algo que internamente hace placentera esa experiencia de percibir arte.

 

Vanessa Miller (actriz)

 

1. Un artista es alguien que se predice a sí­ mismo desde un escenario de poética y ciencia ficción. Es alguien que funciona como un canal cuyo torrente conecta el recogimiento, el espejo, y la transfiguración del que lo observa. Alguien que no manipula a su favor la presencia de los demás, porque en ellos construye y descubre su yo verdadero, ese que somos a partir de la relación (arriesgada) de querer darlo todo en el ví­nculo para recuperarnos en ese "ser con los otros". Es un niño, un intuitivo, un abierto, uno que le gana la cosecha a los pájaros porque hace seguimiento al fruto y acompaña el proceso del árbol. Alguien que ve cambiar la luz en los cielos mientras sostiene la manguera que dice "Abajo nos vemos, en el eje del querer, entre golondrinas subterráneas. Ahí­ podemos cebar unos mates criando raí­ces".

 

2. Mi relación es hereditaria y endógena, amorosa, cotidiana; a veces ociosa, pero casi siempre exigente. Bastante acostumbrada a caminar entre acantilados, en los que descubrí­ que siempre aparecen brazos guardianes que impiden perderse en la caí­da. Con los años la relación tiene menos mente, y eso la hace más despierta.

Nos divertimos y enamoramos. A veces la pasión nos encierra durante ciclos en que me olvido del hambre y del tiempo, solo recuerdo el futuro desde cielos sin preocupaciones. Confí­o en que permanecer en él es hacerme más liviana y fluida. Hay una gran prueba de que se trata de amor: cada vez requiere menos esfuerzo, da más alegrí­as y transfiere nuevos misterios.

 

Gustavo Nielsen (arquitecto, escritor)

 

1. Alguien que hace algo totalmente inútil, pero que sin embargo sirve.

 

2. La idea de la utilidad-inutilidad es fundamental. La arquitectura, profesión que elegí­, no es arte. Es un servicio, tiene cantidad de obstrucciones, hay clientes y libertades restringidas. Tiene riesgos. La idea de hacer algo útil es la que más me identifica.

Sin embargo escribo cuentos y novelas desde los doce años. O sea: también hago algo inútil y sin riesgos, solamente para mi placer y el placer de quienes me quieran leer.

Hacer arquitectura es mi trabajo y escribir es mi vacación.

 

Gabriel Zayat (actor)

 

1. ¿Alguien que se llama a sí­ mismo artista? La pregunta da por sentada la existencia de esa idea, la del artista. Como algo que hay que develar, que permanece oculto a la mirada de los otros, a los que no lo son. Artistas. Como en una pregunta retórica, "¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?", hay algo que sabemos de los artistas y que no merece respuesta. Pero también hay algo que no sabemos.

Se armó el debate.

Hay una intriga intrí­nseca. Y sobre las ruinas del sentido, el artista, como un laboratorio viviente, da inútilmente sentido a esa nada. A nuestra nada.

 

2. Supongo que esa relación está ligada a los procesos creativos de los que formo parte. Procesos que son siempre grupales y que terminan siendo algo al final. Algo que se desprende de todos los que participamos y que a la vez habla por nosotros. Como un documento abierto del proceso creativo. Pero todo lo supongo, no lo tengo muy claro.

 

Alejandro Terán (músico y compositor)

 

Osteópatas del software.

Una noche cerrada sin luna y alrededor del fuego, un clan. Por los cuerpos ronda el escalofrí­o que viene de lo impenetrable: nada podrá hacerse si el demonio dentado surge hambriento de la oscuridad. El horror va haciéndose sólido como una atadura que impone silencio e inmovilidad.

Uno del clan se incorpora y su dentadura destella. Antes de que los otros logren que vuelva a su lugar, el loco imita un rugido y unos movimientos felinos.

—Soy el tigre... y soy un estúpido.

Los niños se rí­en. Los viejos se alejan un poco (porque saben) y redoblan la vigilancia.

El loco sigue con sus evoluciones: zapatea, salta, se retuerce y bate palmas.

— ¡Tigre es… túpido! ¡Tigre es… túpido!

Varios se suman al coro y a la danza mientras la tenaza del horror comienza a soltar la sujeción de su garra.

Casi todos dormirán un poco esa noche.

A la mañana siguiente uno solo de los niños se aleja de la mirada de su madre. En la intimidad del monte danza y murmura apenas.

—Tigre es… túpido. Nunca olvidaré estos movimientos y se los enseñaré a mis hijos.

No digo que el arte se trate siempre de una forma de exorcismo. Pero sí­ que hay humanos ultra-raros que logran flexibilizar lo que se quedó rí­gido o estancado oficiando de cables conectores entre un grupo y cierta entidad energética regenerativa, que es muy parecido.

A veces basta un soplo sutil para que se produzca la conexión, y otras es necesaria la acción violenta (incluida la destrucción de los cables viejos).

¿Los artistas serí­an entonces como unos osteópatas del software-rizoma humano, o algo así­? ¡Qué trabajito!

—En internet hay información sobre arte, pero no arte —dice nuestro amigo Boris Groys en Arte en flujo. Su afirmación es como un baldazo de agua frí­a, pero intuyo que no automáticamente rebatible:

—¿O sea que Spotify no transmite música sino información acerca de músicas? ¡Gracias por tu comentario, Boris! Socorro.

En fin. A bailar.

 

Agustina Sario (coreógrafa e intérprete)

 

1. El artista es una persona que se comporta como lo hace una radio: sintoniza y capta. Nada de lo que capte le pertenece, su tarea es materializar lo que percibe para que los otros puedan aprehenderlo. Jung lo expresa claramente cuando dice: "Es muy cierto que las ideas ampliamente aceptadas nunca son de propiedad personal de su pseudoautor, por el contrario, él es solo el servidor de sus ideas. Las grandes ideas aclamadas como verdades contienen algo peculiar en sí­ mismas. Aunque vienen a la existencia en un momento determinado, son y han sido eternas; surgen de esa región de la vida creadora y psí­quica donde la mente efí­mera del ser humano se desarrolla como una planta que florece, da semilla y fruto y luego se marchita y muere. Las ideas emergen de una fuente que no está contenida en la vida personal de un hombre. Nosotros no las creamos, ellas nos crean a nosotros". (C. G. Jung: El Hombre Moderno en busca de su Alma).

 

2. Viviendo en Argentina, mi relación con el arte se volvió más radical. Digo esto después de haber trabajado en Alemania, Suiza y Francia, donde las condiciones para vivir del arte son más prósperas. Desde este lugar en el mundo, como coreógrafa y bailarina, el arte es una necesidad vital de expresión para recordarnos un sentido menos inmediato, menos urgente y más trascendental de nuestra vida.