Fácil de leer y difícil de digerir

Fácil de leer y difícil de digerir

Los pájaros de la tristeza

Luis Mey

Seix Barral

Buenos Aires, 2017

168 pp.

 

“Puedes dejar que los pájaros / de la tristeza sobrevuelen / tu cabeza. Pero no puedes permitir / que aniden en ella”, advierte Tagore antes de comenzar la historia dura en la que estos pájaros han anidado en las cabezas de los adultos.

Está narrada por un niño, con un lenguaje y sintaxis muy logrados que nos hacen reír y llorar a la vez. Manuel, el protagonista, habla de temas verdaderamente espantosos con la naturalidad, la liviandad y la inocencia de cualquier niño. Son graciosísimas sus descripciones acerca de los demás personajes, repito, no porque ellos sean graciosos, sino por su tamiz lingüístico. Será esto por lo que la novela de Mey es fácil de leer y difícil de digerir. Nos vamos riendo de cómo lo cuenta y no de lo que sucede.

Podríamos decir que, en algunos puntos, Los pájaros sigue la tradición gótica. Una cantidad inmensa de lágrimas, babas y otros humores corporales acompañan las acciones, aunque no transcurran en un castillo ni en un bosque aterrador. Sí aparecen las ruinas y los lugares abandonados, casi como un calco de todos los personajes en esta historia. Todos han sido o serán abandonados por alguien, con distintas consecuencias. Lo que sucede es siniestro porque lo cotidiano se vuelve terrorífico, y hasta hay fantasmas.

Es interesante ver cómo Manuel y Jaime se componen entre sí para generar la potencia que los libere de sus males. Manuel tiene un hermano mayor, Jaime, líder de “nosotros”, una entidad formada por los dos hermanos y que parece estar en contra del mundo. Al leer entre líneas lo que Manuel narra, entendemos perfectamente que no están en contra del mundo, sino de ciertos adultos. Los hermanos salen victoriosos de las peripecias con los recursos que tienen a mano, principalmente una gomera.

Manuel tiene muy claro que la tristeza pertenece a los adultos: “[…] y encima no hay nadie grande que no esté triste para decirle que lloro […]” (p. 89). “Nosotros” no está dispuesto a dejar que estos pájaros aniden en su cabeza, y el uso de la gomera no es más que apropiado.

Un muy buen libro que se lee rápido y nos deja pensando.

 

Es muy interesante el trabajo que hacés con la voz del narrador en Los pájaros de la tristeza; además de hablar como un niño tiene otras particularidades. ¿Qué recursos usaste para construirla? ¿Recuerdos, películas, investigación?

El recurso principal, teniendo en cuenta que siempre me interesó narrar la infancia y su Leviatán, era ponerme realmente en la piel de un niño, en su voz auténtica, carente de lenguaje, de sus definiciones, de la complejidad de los que ya tuvieron una educación. Por lo cual, para agregar hipérbole, intenté la voz de un chico con cierto retraso. El recurso fue la deconstrucción del lenguaje, llevarlo a un espacio en el que las palabras, por simples que fueran, necesitaran describirse por falta de, digamos, diccionario. Por eso el niño presenta, para describir un parpadeo, el siguiente modo: "hacer cortinitas con los ojos". Me resultaba lúdico encarar la definición de todo desde esa perspectiva.

La novela tiene un humor muy particular, ¿te divertiste al escribirla o fue más bien doloroso?

Honestamente, me divertí mucho con lo doloroso y me hizo pensar mucho, serio, lo gracioso. Por eso mismo decidí intentar publicarla: porque me hacía ver siempre desde otro lado.

Hay algo la ley del Talión aplicada inocentemente o sin demasiada consciencia, ¿esto lo pensaste a priori o fue apareciendo con los personajes y la historia?

Me gusta la pregunta. Porque esa es la respuesta: fue a propósito. O, digamos, fue parte de la construcción del héroe. Y era fácil, dadas las circunstancias previas de los personajes principales, hacerlos presentar batalla y sacarlos de víctimas. Me parecía, eso sí, que tenía que tener algo de literatura fantástica; por eso, para las batallas, debían tener algún arma. De ahí que el narrador tiene una especie de superpoder con la gomera. Sin importar desde donde dispare, pondrá la piedra en el lugar que desee.

¿De qué lecturas te nutrís? ¿Autores favoritos?

Sigo releyendo a Fante, a Steinbeck, a Caldwell, a Daniel Moyano. Ahora estoy leyendo a Mariano Quirós, a Agustina Bazterrica, a Ricardo Romero, a Nahuel Repetto —un inédito maravilloso— y a un montón más.

 

Luis Mey nació en 1979. En 2013 obtuvo el Premio Décimo Aniversario de la revista Ñ por su novela La pregunta de mi madre. Antes publicó una “trilogía conurbana” compuesta por Las garras del niño inútil, En verdad quiero verte pero llevará mucho tiempo y Los abandonados. También es autor de Macumba, novela de terror, y Diario de un librero, anecdotario novelado de su experiencia como librero. Publicó además las novelas Tiene que ver con la furia (Emecé, en coautoría con Andrea Stefanoni) y El pasado del cielo (Seix Barral). Colabora con diferentes medios gráficos.