Un escritor de ciencia ficción

Un escritor de ciencia ficción

La primera muerte es gratis

Autor: Hernán Domínguez Nimo

Ediciones Ayarmanot

Buenos Aires, diciembre de 2017

242 pp.

 

 

La situación local respecto de la literatura de género es paradójica: casi no existe escritor nacional que no se reconozca deudor de algún tipo de género popular pero, a la vez, sigue sin existir (y a esta altura de la soirée deberíamos resignarnos a esa ausencia) un mercado lector propiamente dicho como sí existe, sobre todo, en el medio anglosajón. Las razones de esta paradoja son muchas y de variado pelaje, y tal vez este no sea el lugar adecuado para desentrañarlas. Lo que sí sorprende un poco es cuando nos encontramos con un autor local que intenta desarrollar su escritura a partir de las premisas de un género. Y lo que sorprende aún más es ver que dicho autor desarrolle su proyecto narrativo con solvencia y con el compromiso estético que el género pide a los gritos.

Hernán Domínguez Nimo es un autor de ciencia ficción. Y en lo que sigue voy a exponercuatro razones que sostienen esta afirmación.

La primera muerte es gratis es una colección de doce cuentos en los que se desarrollan diferentes tópicos clásicos del género: hay escenarios apocalípticos, expediciones espaciales, la extorsiva y catastrófica influencia de las grandes corporaciones en la vida cotidiana y hasta zombis. Esta es la primera razón: Domínguez Nimo se mete de lleno en un género primigenio de la ciencia ficción, el cuento, y continua con los caminos abiertos por los maestros.

Además, los doce cuentos están escritos con un pulso narrativo muy preciso, en el que se mantiene en un punto exacto cierto uso coloquial de la lengua (de modo que la trama se acerca al lector hasta sus narices) y una fraseología contenida, casi lacónica. Esta es la segunda razón.

Domínguez Nimo tiene un oído afinado para hacer hablar a sus personajes. Esto es un aspecto fundamental para que elgénero tenga perdurabilidad. Para que la especulación sobre ideas del conocimiento racional pueda encarnarse literariamente (y no ser simplemente un ensayo de algún futurólogo más o menos avispado) es preciso que se pongan en la escena dramática humana. Y el punto de verosimilitud de esta apuesta, siempre, está dada por el habla de los personajes. Quiero decir: los personajes de Domínguez Nimo hablan y no podemos dejar de creerles cuando lo hacen. Esta es la tercera razón.

 Por último está lo que tal vez acerque al género a la poesía: su capacidad de generar símbolos míticos que brinden una multívoca y estimulante reflexión sobre el presente. Los doce cuentos crean microcosmos que se cierran sobre sí mismos, pero al mismo tiempo piden ser abiertos por sus lectores, como si se tratara de un viejo baúl lleno de sorpresas. 

 

¿Cómo definirías a la ciencia ficción como género?

Me resulta complicado definir a la ciencia ficción como género, sobre todo porque soy lo menos teórico que existe y leí muy poco sobre el tema (cosas de Capanna). Pero lo que no escapa a nadie es que la ciencia ficción existe, como etiqueta de colecciones, en las bandejas de librerías de usados.

Lo que puedo decir es lo que yo percibo, y es que la ciencia ficción es un género que hoyes más amplio que nunca. Contrariamente a los que no lo frecuentan, quienes,influenciados por el cine de Hollywood,probablemente imaginan un espacio estrecho (en ese imaginario, las paredes serían naves espaciales y extraterrestres, el techo planetas desconocidos y el piso una acción trepidante) en el cual moverse. Siempre fue un espacio amplio: dentro de la ciencia ficción clásica hubo space opera, sí, pero también policial negro, terror, westerns, humor, romance, drama, acción, ensayos, filosofía y hasta religión.

Y hoy, como decía, me parece que es más amplia aún, porque cada vez más gente escribe ciencia ficción sin mencionarla cómo género, ya sea por no encasillarse, o porque simplemente no les interesa catalogar su obra. Y eso amplía las fronteras del género y sobre todo, lo más importante, de lectores de ciencia ficción.

 

¿Cuáles son los autores que seguís?

De chico me inició mi tío en la ciencia ficción, “convidándome” Asimov, Pohl y Bradbury. Mientras crecían mis lecturas, dentro de la ciencia ficción descubrí a John Varley, a Alfred Bester, a William Gibson, a Ted Chiang. Siempre, en el medio, salpicado por el suspenso de Stephen King. Hoy ya no leo solo ciencia ficción, y me gustan cada vez más los autores que trabajan en ese intersticio donde se mezclan y confunden realismo, ciencia ficción y fantástico (con mayor preponderancia de uno u otro), como Neil Gaiman, Chuck Palahniuk, Margaret Atwood, Michael Chabon y China Mieville.

 

¿Por qué pensás que en el medio local no se logra armar un mercado lector de ciencia ficción como sí sucede en el mercado anglosajón?

La ciencia ficción nunca estuvo bien reputada aquí, como sí sucede en países sajones e incluso en España. La excusa puede ser que la Argentina no es un país con tradición tecnológica, pero como ya dije, para mí la ciencia ficción va mucho más allá de eso. Y acá siempre se leyó medio a escondidas, como un vicio inconfesable. Por eso el núcleo de lectores (que sí creo que existe, pero no está a la vista) se encierra en sí mismo y pierde, justamente, visibilidad.

El cine de Hollywood, que es la entrada de muchos al género, tampoco contribuye a atraer público lector, ya que la mayoría desus producciones se concentra en generar cine de acción camuflado de futurista, más que en enfocarse en tramas donde el futuro o la tecnología planteen dilemas morales, como sí sucede, por ejemplo, en series como Black Mirror.