Cuando un analista escribe

Cuando un analista escribe

Escrituras en el análisis

Autora: Patricia Leyack

Paidós

Buenos Aires, 2017

224 pp.

 

Cuando Lacan lanzó en Roma la siguiente advertencia: “Soy un payaso. Sigan el ejemplo, ¡y no me imiten!”, no tenía, seguramente, la más mínima idea de lo poco que su advertencia iba a ser tenida en cuenta. Y muy especialmente a nivel de la escritura de los textos psicoanalíticos: el barroquismo es, sin duda, dentro de los múltiples pecados de imitación, solo uno de los más banales.

Patricia Leyack ubica con una claridad enorme, con precisión, que cuando un analista escribe pone en acto su posición y las marcas del modo en que opera la castración en él. Se trata de recordarnos que, a través de su estilo, cada analista transmite su “enunciación singular, tanto en la intensión como en la extensión…, [el] tránsito analítico en relación al objeto”. Porque ciertamente los textos transportan la manera en que la transmisión ha hecho su trabajo en cada uno y, de un modo correlativo, pero no idéntico, lo que cada uno ha podido hacer con lo recibido.

Entonces, lo primero que hay para destacar respecto de Escrituras en el análisis es que se trata, en este sentido, de una rara avis: está escrito de una manera cuidada, clara, amable, sin amaneramientos ni frases ecolálicamente repetidas; aunque sin traicionar en nada un derrotero fino de lecturas y una trama en la que los conceptos se enlazan con la clínica, iluminándose recíprocamente. Es esta misma situación la que, también, lo coloca en un territorio extraño: es un libro tan valioso para un analista novel como para quien ya ha transitado tiempo de formación y de práctica.

Escrituras en el análisis se sostiene en los conceptos de letra, de lectura y de escritura; esos son los ordenadores que permiten aunar cuestiones clínicas y conceptuales que, sin ellos, resultarían difíciles de articular. Leyack recorre un arco amplísimo que va del juego del niño a la experiencia concentracionaria, pasando por los imperativos superyoicos, la psicosomática, las impulsiones y, claramente, la transferencia y el deseo del analista. Y lo recorre sosteniendo una cuerda siempre tensa —a la que podríamos ubicar, incluso, como la tesis que el libro desgrana—: la lectura de la letra en el análisis troca las marcas del goce del Otro por una escritura capaz de soportar al deseo. En este movimiento, la autora se va sirviendo, para tejer su trama, de todos los elementos que vertebran la cura: junto a los referidos como centrales —letra, lectura y escritura—, inscripción, significante, escrito, pulsión, fantasma —y sus fracasos—, inconsciente —y sus formaciones—, síntoma, objeto a, acting out, pasaje al acto, operaciones de constitución del sujeto, transferencia. Especialmente interesante es el trabajo que Patricia Leyack emprende respecto de la cuestión del lugar del analista en este entramado y del enlace entre la posición en la transferencia y las incidencias del analista.

Podría decirse que, aunque en sentido estricto le dedica un pequeño apartado, en el libro late todo el tiempo la relación entre psicoanálisis y literatura. En lo que los analistas hemos ido a buscar en las obras literarias —eso que, como lo dice Lacan, es “nuestro” y que estaba allí—, en lo que se juega como verdad en la ficción de los casos clínicos, en los escritos en los que se intenta que algo pase como transmisión, se dibuja desde siempre la figura del analista escriba, escritor, escricantor. Tanto el analista que puede mover a que el fenómeno psicosomático se histe(o)rice como el que puede hacer sonar otra cosa que el sentido —dos figuras que se recortan en el libro— se soportan en y por la letra. Ese soporte, fundamentalmente, es lo que Patricia Leyack nos viene a recordar, con una posición que sostiene sin desfallecer en este, su nuevo libro.

 

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Trabajás en profundidad el concepto de letra en tu libro. ¿Cómo pensás a la letra en cada uno de los registros de la experiencia? ¿Cómo pensar la relación entre letra y lenguaje?

Partamos de lo siguiente: si por un lado está el lenguaje y por el otro el cuerpo, al estar ambos atravesados por el falo, el lenguaje se hace simbólico y el cuerpo, imaginario. El lenguaje, que al comienzo es exterior al sujeto, se incorpora, Einverleibung lo llama Freud. Lo que se incorpora es el cuerpo de lo simbólico y el significante mayor, que hace que después se incorporen todos los otros, es el falo. Falo (simbólico) es la letra de la identificación primordial. Y esta incorporación del falo hace cuerpo, arranca al cuerpo del futuro sujeto de su condición de organismo para transformarlo en cuerpo erógeno. Y que ese significante mayor se incorpore tiene como condición que se transmita a través de lalangue.

Una de las dimensiones de letra es aquella que nomina operaciones subjetivas, el falo simbólico, como dije antes, por ejemplo, como letra de la identificación primordial. O dicho en teoría de los nudos, como la letra que escribe la apertura de la cuerda de lo Real. O el S1, letra que designa la apertura al infinito de la cuerda de lo Simbólico en teoría nodal, y que designa también la identificación a lo Simbólico del Otro real. Este, y muchos otros matemas, es un aspecto del concepto de letra a nivel de la teoría.

Mucho se puede decir de la letra, por ejemplo, que en neurosis el agujero que implica la represión primordial está bordeado por letras. Ese borde letrado está ausente en psicosis. Hay entonces en neurosis un agujero en lo Simbólico. Ese agujero atrae, y el borde de ese agujero está cercado por letras. En psicosis está el agujero, pero al no estar cercado por letras no se puede localizar. Esto daría razón estructural de por qué no operar con interpretación en psicosis. En neurosis entonces la Cosa está cercada por letras. Soporte material del significante, la letra fue definida primeramente por Lacan. Esto remitiría por un lado al sonido más allá del significado, a su sustancia fonética. En la experiencia clínica, escuchar la sonoridad significante es encaminarnos a la instancia de la letra. La lectura es de esperar que no se dirija a la comprensión, sino a la ruptura del sentido que el encadenamiento significante trae. Quebrado el sentido por efecto de la intervención del analista, otro sentido se abrirá en cuanto el analizante trabaje o la significación doble, o el acento en sus dichos —algo de la enunciación entonces—, o la homofonía que ha quedado interrogada. En cuanto, a partir del señalamiento analítico, se escuche en lo que ha dicho. Y aquello que circulaba sordo en su decir habrá sido —lectura mediante— una letra que cifraba un goce que intenta escribirse. Acá llegamos entonces a otra de las definiciones de letra en Lacan, la de Lituraterre. En esta conferencia que quedó integrada al seminario XVIII como clase 7, Lacan ubica a la letra como borde de goce en los significantes. Y la lectura de la letra agujerea el sentido al situar ese borde de goce en el saber significante, con lo cual también agujerea el goce. Si la letra no se lee, estará “en souffrance”, no habrá entregado su mensaje al sujeto. Es de esperar, sin embargo, que la repetición traerá otras oportunidades para esa lectura.

Múltiples son las presentaciones de la letra en la escucha analítica. Y esas múltiples presentaciones harán del analista el hipnotizado —como indica Lacan en el seminario XI— justamente por la letra, dando a entender que es hacia ahí, hacia aquello que resuena en su escucha como letra, que se dirige la dirección de la cura. Tanto en el discurso que viene de la dimensión del Ello como del que viene de la dimensión de los pensamientos inconscientes, se puede escuchar letra. Y escuchar es justamente darle a la letra su paradójica dimensión temporal: habrá sido letra una vez leída. Mandatos superyoicos son, en esta tesitura, letras que no fluyen, que tienen justamente fijeza de letra coagulada. Su lectura en transferencia puede permitir que esas letras pierdan su fijeza. Otra dimensión de la letra en la experiencia es la del fantasma. Escribir la letra del fantasma al que el sujeto está fijado es atravesarlo.

Escuchar/leer letra es escuchar lo que retorna a nivel del sonido en los significantes, es escuchar la condición de soporte material del significante. En ese sentido letra es escritura, que viene de otro lado que del significante, nos dice Lacan. Es la única idea sensible de lo real. Deviene como precipitado de saber en tanto engancha algo real, por eso es lo real de lo significante.

 

¿Cómo pensar la relación entre letra y lenguaje?

Lo que en el seminario XXIII Lacan nomina sinthome tiene antecedentes en el seminario que lo precede. Ahí, en RSI, Lacan coloca en el lugar que luego será el del sinthome al padre, al complejo de Edipo y a la realidad psíquica. También en ese seminario, el XXII, pluraliza la función Nombre del Padre a los Nombres del Padre. Además, los goces estarán pluralizados, y la figura topológica del Nudo le servirá a Lacan para mostrar el posible avance de los goces invadiendo el agujero real de cada registro. La estructura tiene sus recursos para responder a estos avances del goce con los tres freudianos. Así, la inhibición pasará a ser nominación de lo imaginario, el síntoma, nominación de lo simbólico, y la angustia, nominación de lo real. Que la inhibición tenga función de Nombre del Padre es, por ejemplo, que un sujeto se inhiba de hacer algo que por el momento no puede encarar, de modo que la inhibición lo protege de dar un paso en falso. El síntoma en su función Nombre del Padre escribirá unas letras que agujerearán algo del territorio del goce del Otro, harán ahí agujero verdadero. Con lo cual el goce del Otro no será avasallante, inconmensurable, estará acotado a un pedazo. En ese sentido es 4to borromeico; el caballo en Juanito, por ejemplo, es corrector borromeico de la falla del Padre Real. La angustia por su parte, en su función Nombre del Padre, anuncia al sujeto su condición de objeto y la posibilidad de ceder algo de esa posición.

Identificado el síntoma suficientemente, trabajado en análisis lo padeciente del síntoma entonces, el sujeto podrá hacer algo con lo que antes armaba síntoma. Será sinthome. Y, como dice Lacan en el seminario XXIV, la garantía es la distancia con el síntoma en tanto padecimiento dada por el trabajo en análisis. Si el sinthome puede mantener la estructura anudada en aquellas situaciones clínicas con error forclusivo —como Joyce o Dalí, aunque el Nudo no sea Borromeo—, su eficacia no se limita a estas estructuras, sino que también es verificable en neurosis.

 

Patricia Leyack es AME de la Escuela Freudiana de Buenos Aires. Coordina grupos de escritura para psicoanalistas. Enseña psicoanálisis y supervisa en distintos hospitales e instituciones, tanto de capital como del interior. Escrituras en el análisis es su segundo libro. El primero es La letra interrogada, conversaciones entre psicoanálisis y literatura.

Entiendo que escribirlo de esta manera permite, no sólo introducir la historización, sino lo que hace a la teorización en juego en el momento de la escritura de un texto psicoanalítico.

Acuñado para Joyce, me parece propicio usar este término, aquí, para el analista. Cf. Jacques Laberg: “CMJOYCEREIASFW (Do “escricantor”)”, www.interseccaopsicanalitica.com.br

Páginas 196 a 199.

Página 182.

Vale aquí también lo que Patricia Leyack ubica para la psicosis: “la imitación es falla de la identificación” (página 118).

Lacan, J.: “La tercera”, en Intervenciones y textos 2, Bs. As., Manantial, 1991, página 81.