¿Qué es ser (in)maduro?

¿Qué es ser (in)maduro?

Fotocopia

Autor: Facu Soto

Paisanita Editora, 2017

 

Una fotocopia se basa en un original, pero difiere del original. Estas diferencias pueden tener que ver con la calidad del instrumento que la produce, pero, más allá de eso, indefectiblemente la copia pierde algo que el original tiene. Dan cuenta de este hecho esos formularios que te dan para completar en algunas instituciones (formularios ya casi inexistentes gracias a la digitalización), que son fotocopias de fotocopias de fotocopias de fotocopias y ya bordean la ilegibilidad.

Así, el deseo de nuestros padres impuestos sobre nosotros, sus hijos, tiene algo de esto. Los padres creen que lo que les funcionó debería funcionarnos a los hijos, a veces sospechan de nuestras estrategias y recursos, ni qué hablar de nuestros gustos y elecciones. O incluso, a veces, van más allá de querer que seamos como ellos. Esta proyección de nuestros padres sobre nosotros llega a veces a radicar en el deseo de que la copia logre relucir aquello que el original no tuvo. Como en las generaciones de mis abuelos inmigrantes: el título universitario, m’hijo el dotor.

La contratapa de Fotocopia, de Facu Soto, habla de “la relación entre un padre gay y su hija”. Es cierto que estos dos personajes mencionados son los narradores en primera persona de la novela, sin embargo, para mí es anecdótico el hecho de que el padre sea gay, de que sea un padre y no una madre, y de que la relación sea con una hija y no un hijo. Es obvio que gran parte de la historia cambiaría si el padre no fuera gay, si fuera una madre, si la hija fuera un hijo, etc. Pero no quiero marearlos, a lo que voy es que el hueso de la historia que a mí me conmovió es cómo se construye la identidad de un/a progenitor/a frente el hecho de tener que afrontar la m/paternidad de un/a primogénito/a.

Pienso en cuál es la imagen de padre/madre que exige nuestra sociedad. O quién o qué será que pone los parámetros. Se supone que debemos tener una madurez determinada, tenemos a nuestro cargo la responsabilidad de guiar a otro ser en su formación. Pero ¿quién pone la altura de la vara de madurez y seriedad? ¿Qué es ser maduro? ¿Qué significa ser responsable? ¿Qué significa tener en nuestras manos la responsabilidad de acompañar la formación de otra persona? Facu Soto explora este enigma al trabajar con el género de diario íntimo, donde solo las voces de los involucrados (padre, hija) van mostrando la temperatura de lo que funciona/no funciona en el vínculo.

Como lectora, me vi juzgando el infantilismo del padre, poniéndome por momentos del lado de la hija. Sin embargo, no pude tomar partido definitivo por uno solo de los personajes durante la lectura. Y ahí radica la maestría de Facu Soto. Porque todo lector es hijo/a, pero no todo lector/a es p/madre. Personalmente, siempre sospecho de las historias en las que quedé del lado del mismo personaje de principio a fin.

Como lectora, me vi juzgando a este padre en búsqueda de su propia identidad, pero también me vi juzgándome a mí misma: ¿con qué criterio ayudamos a crecer a nuestrxs hijxs cuando nosotrxs mismxs estamos aprendiendo a crecer todo el tiempo? Me dejó también repensando a mi padre. ¿Fue mi padre, fallecido hace tiempo, el ser serio y responsable que yo construí con el recuerdo?

Y si hablamos de progenitores y descendientes, hablamos de generaciones. Esto aparece todo el tiempo en Fotocopia, sostiene a los protagonistas una suerte de red construida por las referencias a los distintos géneros y bandas musicales, los dibujos animados, los juguetes, las costumbres. No solo de los narradores protagonistas (padre e hija) sino también del padre y los amantes del papá de Lucy (hija).

La intimidad bordea lo autobiográfico o la curiosidad de, al leer, preguntarse dónde está la frontera entre la realidad y la ficción. Sin embargo, Soto trabaja el lenguaje, su musicalidad, el humor, de manera tal que pronto una deja de sentirse voyeur para disfrutar del contrapunto de los diarios que se intercalan. Se intercalan y a veces se refieren a una misma escena desde perspectivas tan disímiles que acentúan lo humano de las emociones que despiertan.

Fotocopia tiene todo lo que se necesita para ser una buena lectura: se lee rápido (y cuando se acaba, extrañás a los personajes), fluye y es divertida y, además, te deja pensando en lo complejo de esos roles que a veces se dan por sentado, que una de afuera ve cómo son tan simples para los demás y sin embargo tan complejos en nuestro interior.

 

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¿Cuáles son, para vos, las ventajas (y desventajas, si las hay) del narrador en primera persona?

Generalmente son muy pretenciosos los libros en primera persona y no me gustan, hasta me molestan algunos. La verdad es que suelen contar sus vivencias, y como no son amigos, no me interesan, cuentan cosas muy íntimas que solo a ellos les interesan. Es que suelen usar el Yo como una herramienta catártica y terapéutica, y para contar sus miserias y temas sin resolver deberían ir al psicólogo, creo. Son pocos los libros en primera que me gustan, como el libro de viaje de Horario Quiroga y algún otro. Me encantan los de género reportaje, pero claro, hay un artista o un personaje atrás.

 

¿Cómo trabajás un personaje que está basado en tu persona?

Es un riesgo responderte esto, por eso estoy pensando en no dar más entrevistas; porque si hablo de mí aparecen las diferencias con el Yo del libro y corro el riesgo de hacer sentir mal o defraudar al lector que creyó o se imaginó un mundo. El lector se forma una idea del personaje, la historia cobra vida y existe para ellos, como existen para mí los personajes de los libros que me gustan. Yo sufrí la decepción del lector al escuchar al autor del libro contar “lo verdadero del personaje”; la verdad es que esa intimidad no me interesaba, me interesaba el personaje que yo había leído, el que habitaba en mi mente, el que me había acompañado durante años. Fue una decepción escuchar hablar al autor sobre sus personajes...

En la medida que ponemos un hecho en palabras, el hecho queda perdido, y lo que se escribe ya es ficción.

Trabajé el libro sobre la idea de los padres y los hijos, el tema de la comunicación, la incomunicación, el entendimiento, la falta de entendimiento, la aceptación del otro tal como es y el ideal que uno tiene acerca de cómo tendría que ser nuestro progenitor o nuestro hijo. Básicamente la idea que recorre el libro, del inicio al fin, es la de la aceptación.

El procedimiento que usé para escribir Fotocopia son diálogos, dos diálogos que hacen desaparecer al narrador; por eso no hay Yo, hay dos personales sin tiempo ni espacio que hablan, interactúan, se des-comunican (intentando comunicarse). La otra parte del procedimiento es la idea conceptual de la extensión de los diálogos. A medida que avanza el libro, el diálogo de la nena se va acortando hasta desaparecer; esto dice en hechos lo que pasa. Está lleno de estas cosas.

 

Lo que más me impactó en Fotocopia es el hilo de mi reseña, pensar en el vínculo entre padres e hijos, cómo se construye, y cómo se construyen los roles. Sin embargo, también puede leerse como una novela de amor, en el sentido amplio del amor. ¿Vos pensaste eso al escribirla?

Tiene aires budistas, porque practico budismo y mi objetivo es aceptar a las personas y a las cosas y ser, todos los días, mejor persona.

 

Facundo R. Soto es psicólogo, periodista y escritor. Colabora desde el 2010 en el Soy de Página 12, entre otros medios. Publicó Juego de chicos (2011), Editorial Conejos, Taller literario (2013), Blatt & Ríos, El olor de tu remera (2014), Eloísa Cartonera, Fotocopia (2017), Paisanita Editora, Conversaciones con Washington Cucurto (2017), Blatt & Ríos, entre otros.