Escribir sobre uno

Escribir sobre uno

Confluencia

Autora: Inés Kreplak

Alto Pogo

Buenos Aires, 2017

198 pp.

 

Confluencia pareciera llevar al extremo la idea de que escribir sobre otro es escribir sobre uno.

¿Qué une a Inés, la narradora de esta novela, con Male, la amiga de una amiga obsesionada con terminar su casa en el Delta? ¿Cuál es el interés que tiene Inés de contar esa historia?

La trama de Confluencia se construye desde la primera visita de la narradora a la casa en construcción de Male y su incursión en Casa Puente, el centro cultural que agrupa a muchos de los protagonistas de la historia: vecinos a la vera del río, compañeros de lanchas averiadas, de cama, de las dos cosas; guardianes de perros comegallinas en ausencia, albañiles, guionistas, enfermas de celos. Inés está interesada en “escribir sobre la vida en el delta del Tigre”, dice en las primeras páginas de la novela.

La hipótesis inicial para cualquier lector desprevenido que además leyó el capítulo preliminar —en el que la narradora pone en escena sus recuerdos de niñez desnudos en el Tigre— hace suponer que lo que encontraremos no será otra cosa que la crónica de la investigación de la protagonista, fruto de sus diálogos con Male y su universo isleño.

Error. Esa promesa inicial no es sino una trampa, o al menos una trampa a medias. La novela navega en la voz de la narradora para construir la historia de la construcción de la casa de Male en el Delta, sí; pero, sobre todo, para hablar de su propia genealogía, que no es otra cosa que una excusa para hablar de la escritura.

Así, Confluencia es una novela de iniciación y, como toda novela de iniciación, es una novela sobre la dificultad.

Del lado del continente, nos enfrenta a la historia de Inés, al diagnóstico y tratamiento de su esclerosis múltiple, a sus preguntas sobre las relaciones humanas y sobre la materialidad a partir de la que puede —o no— construir una historia, a sus interrogantes sobre la coyuntura, sobre el dolor, sobre la muerte y, subrepticiamente, sobre el futuro.

En la isla, la historia de Male funciona como una metáfora de la construcción, pero siempre de una construcción inconclusa, provisoria, sólida pero vulnerable. Como los acuerdos firmes y endebles a los que llega la comunidad de esa suerte de exiliados en el Delta en torno de sus propias convicciones sobre el poliamor, los hijos, la pareja, el trabajo.

En la confluencia entre estas dos historias, se nos trafica, por si fuera poco, el recorrido histórico, social y, sobre todo, literario, del Delta. Como si fuera necesario marcar una familiaridad que en el fondo no tiene nada que ver con lo que se narra; como si la autora nos estuviera dejando claro que no es una novela más sobre el Tigre.

Como toda historia de iniciación, Confluencia se cierra con la promesa de una etapa nueva, una etapa que se edifica sobre un terreno o una trama social siempre anegados, imprecisos, contradictorios, prometedores. Como aquello que une a sus protagonistas. Como, quizá, la escritura.

 

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Si tuvieras que decir cuáles son los tres grandes temas que confluyen en Confluencia, ¿cuáles serían?

IK: La confluencia se da, primero, entre los ríos que conforman el espacio del Delta, donde transcurre la mayor parte del relato. A su vez, también con los otros ríos que aparecen: el Negro, el Urubamba, etc. Después entre las historias de Inés, la narradora, y Malena. Pero también entre los diversos relatos familiares. Y, por supuesto, en términos estructurales, entre los géneros literarios.

 

Tres libros consagrados que amás, tres libros consagrados que odiás.

IK: Es una pregunta difícil porque no me gusta hacer rankings y soy muy cambiante. Además, creo que los libros que más amo no se relacionan con mi escritura. Hoy, caprichosamente, te digo: Las mil y una noches, Moby Dick y los cuentos de Flannery O´Connor. Si hablamos de literatura, no odio ningún libro, sí me dan cierta bronca algunos textos escritos para pocos, que mencionan gente que los lectores no tenemos por qué conocer sin reponer, que están escritos para dejarte afuera intencionalmente. Después hay textos que no leí porque no me interesan y creo que hacen daño.

 

¿Tenés rutinas de escritura o te manejás con anarquía total? ¿Por qué? Si tuvieras que darle un consejo que no cumplís a un escritor que se inicia, ¿cuál sería?

IK: No tengo rutina de escritura porque no tengo rutina. Mi vida está bastante atada a los caprichos de mi salud. No escribo literatura todos los días porque, además, trabajo, estudio, leo y duermo mucho. No me alcanzan las horas. Así que diría que prevalece la anarquía. Cuando me dan ganas, dejo todo lo que estoy haciendo y me pongo a escribir.

Al escritor que se inicia en la escritura [le recomiendo] que lea mucho, que encuentre un espacio, sea taller, grupo de amigxs, círculo de lectores para intercambiar opiniones, ideas, pensamientos. Creo que la escritura es solitaria solo en una pequeña parte y que se nutre necesariamente de los otros. Además, de esa forma, el escritor se enamora menos de sí mismo y se vuelve menos receloso de lo de los demás. Y para un escritor que se inicia en la publicación, que baje las expectativas; es un camino arduo, pero también, de vez en cuando, muy gratificante.

 

Inés Kreplak nació en Buenos Aires en 1987. Estudió Letras en la UBA. Trabaja en el área de comunicación de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad y es docente universitaria. Coordina un taller literario y varios proyectos de promoción de lectura. Entre otros, fue curadora de la colección de narrativa contemporánea Leer es futuro del Ministerio de Cultura de la Nación y fundadora de la primera Biblioteca al Paso. Confluencia es su primera novela.