Cuento de Ariel Aguirre presentado por Patricia Suárez

Cuento de Ariel Aguirre presentado por Patricia Suárez

Un motivo para leer a Ariel Aguirre 

Ustedes aquí­ tendrán la posibilidad de conocer la obra de un escritor que se las trae a través de una pequeña muestra, su cuento "Champú", que en sí­ es una pequeña obra maestra. Ariel Aguirre es aún un escritor joven, pero experto. Su libro de cuentos Weekend obtuvo el año pasado el Premio Municipal de la Ciudad de Santa Fe y, aunque las instituciones a veces abrochan los libros que producen consigo y no salen de recorrida por el paí­s y por las librerí­as, ojalá este libro tenga la buena suerte para hacerlo. De todos modos, no dudo yo que dentro de poco lo veremos editado a nivel nacional.

Cuando leí­ sus cuentos, me parecieron fascinantes pero me chocó la escatologí­a. Tengo un problema con lo escatológico: para empezar, siempre creo que hay una manera mejor y poética para decir las cosas que usar una imagen escatológica; y si no la hay, usarla solo en casos de emergencia. Segundo, me parece que mi propio pensamiento es pacato.  De hecho, me alegra que muchos de los lectores -y crí­ticos- piensen distinto a mí­, porque si no, el estilo de todos serí­a más o menos el mismo. Pero en Ariel Aguirre, la escatologí­a cumple una finalidad: viene a demostrar hasta dónde la bajeza y la desesperación son una misma cosa para ciertos personajes. En el caso de "Champú" -un cuento con alguna impronta del coloquialismo de Isidoro Blaisten, de un humor a lo Fontanarrosa, pero en donde el autor no pierde de vista que el objetivo no es hacer reí­r ni asquear- el objetivo es emocionar con la historia de un tipo desesperado. Algunos le llamarí­an TOC, yo prefiero en este caso hablar de desesperación. (Hace poco leí­ una obra de teatro de Woody Allen y hablaba de la diferencia entre llamar a alguien esquizofrénico o bipolar: esquizofrenia te remití­a a la idea de institutos mentales, asesinos compulsivos, electroshocks, lobotomí­a; bipolar evocaba un tipo que hoy está en un velero con cinco conejitas de Playboy, mojando dólares en un jacuzzi y al dí­a siguiente se hinca de rodillas en la catedral de San Patricio. Vamos, que muchas veces la nueva denominación psiquiátrica convierte lo demoní­aco de la enfermedad mental en glamour). Muy largo este paréntesis, pero explica algo del cuento de Ariel Aguirre. ¿El protagonista es o se hace? ¿Padece o disfruta haciendo padecer?

Para cuando terminé de leer el cuento, nada de lo escatológico me parecí­a tal. Porque la clave de este autor es que la escatologí­a es una forma de banalizar las cosas que de otra manera serí­an insoportables. Espero que lo pasen tan bien como yo con este cuento, y espero que haya nuevos cuentos de este autor para leer.

 

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Champú

 

Amigos, imagino su sorpresa al leer esta nota, al ver que faltan algunas sillas, la mesa, algunos cubiertos, ropa prestada que nunca devolvieron y tuve que retirar yo mismo de sus roperos, o el suelo (con bastante olor), algunas ollas, toallas, repasadores, e imagino también que se habrán asustado cuando llegaron y Toby no los salió a recibir. No se preocupen: él está bien y yo también, estamos bien.

Me voy. Bah, ya me fui. Ya dejé mi cuarto, vací­o y limpio, para que busquen a otra persona que lo ocupe. Dejé la plata del alquiler de este mes en el primer cajón. Les dejé algunas tazas, la pava, y otras cosas indispensables, por consideración, y espero que me las puedan alcanzar apenas se consigan ustedes las propias. Lo mismo que la válvula de la garrafa, que si recuerdan la compré y nunca me dieron las partes de dinero que correspondí­an. Les dejo varias cosas, como podrán notar, si hacen memoria. Si tienen la amabilidad y la humanidad o dignidad de devolverlas, háganlo. Voy a estar viviendo en lo de mi hermano, saben dónde es, así­ que cualquier dí­a, por la mañana, pueden dejarlas.

Pero hay algo que quisiera decirles y que quisiera que se lo guarden. Que lo reciban y se lo dejen para ustedes, lo conserven. A lo que me refiero es al aprendizaje. Les advierto, no estoy enojado, en absoluto, sí­ quizás algunas de las cosas que les comentaré me causaron cierto malestar, pero poco a poco las fui digiriendo, y fui entendiendo que somos personas distintas, cada uno fue educado de una manera distinta, vamos a lugares distintos, conocemos gente distinta… y sí­, en un momento, apenas nos mudamos, creí­amos que estábamos todos en la misma, que la í­bamos a pasar joya siempre, qué sé yo. Pero también tenemos que admitir que cambiamos, que pasó un tiempo y ya no somos los mismos. Y si bien considero que cada uno hace lo que puede con lo que le toca y que cada uno debe seguir el camino que cree mejor, hay reglas básicas que, más que de convivencia, son humanas. Entonces, esto que van a leer, no tiene tanto que ver con que les estoy "echando en cara", no me interesa ir a las particularidades, sino que puedan entender lo general, abstraer, y no me interesa que lo tomen como un consejo para convivir con la próxima persona que duerma en mi habitación, sino que lo tomen como un consejo para la vida.

Vamos por partes. ¿Por qué me fui hoy? La respuesta es sencilla: anoche vi que terminaron mi champú. Lo compré hace seis meses, lo usé apenas una vez. Y la siguiente ocasión que lo iba a usar ya noté que tení­a menos. Se los comenté, les advertí­ que creí­a que cada uno debí­a tener el suyo. Ustedes usan el Suave, yo decidí­ comprarme uno más caro y lo hice con mi plata. Si ustedes querí­an tener el pelo mejor se hubieran comprado uno más caro y no tendrí­an que haber usado el mí­o. Se los dije. Se los dije y lo siguieron haciendo, porque no vi que el Suave haya bajado y el mí­o sí­ lo hací­a, aun cuando no lo usé más desde aquella primera vez. Sí­, así­ como lo escuchan: usé una sola vez el champú que compré yo.

Segundo, ¿por qué lo hago por este medio y no lo hablamos en persona? Otra vez, simple. Considero que hablar de frente siempre es bueno, de hecho, todas las charlas "serias" que tuvimos fueron por mi iniciativa. Por ejemplo, con la limpieza. Juampi siempre decí­a: "más que echar en cara lo que ensuciamos, vamos a organizarnos bien, bla bla". Y bueno, nos organizábamos: Juampi limpiaba el baño, Roque el patio, yo la cocina y Pato la terraza. ¿Y al final qué?, a las dos semanas, ya era todo un quilombo de nuevo. Pero no con la limpieza nomás, con todo. Hablamos miles de veces, y repito, siempre gracias a mí­, de las cosas que nos iban a hacer mejorar la convivencia, mejorar los modales y todo eso. La música fuerte a la noche, que traigan a sus novias… Roque se enojó cuando le dije, pero ponele, Nidia tiene voz de pito, y yo no tengo problema en que venga, de vez en cuando, una o dos veces a la semana, pero si va a venir dí­a por medio, deberí­a pagar su parte de alquiler. Y si tiene voz de pito, ¡que no grite!, que hable más bajo. ¿Tan difí­cil es?, ¿tan extraño era lo que proponí­a? Pero él se enojó y me dijo que "dejara de hincharle las bolas", ¿les parece?, ¿te parece Roque?, en serio, pensalo un ratito…

La música es un tema complejo. No sólo porque, si bien compartimos ciertas lí­neas generales, cada uno tiene un gusto particular. Yo no entiendo por qué mi sugerencia de escuchar música con auriculares no les gustó. Nos hubiera solucionado varios problemas. Pero pasa eso, a mí­ me gusta toda la música, todos los estilos. Me gusta el rock como a ustedes, a veces me gusta sí­ el reggae y también me gusta la cumbia, a veces, cuando estoy de fiesta. Pero es cuando estoy de fiesta, un sábado, no un miércoles. Sí­ Juampi, no tuviste mejor idea que trasladar tu peña a nuestra casa, los miércoles. ¿Se dan cuenta de lo injusto? Más allá de que sea cumbia, podrí­a ser blues, jazz, lo que fuera: yo quiero escuchar lo que yo tenga ganas cuando yo tenga ganas. Y si quieren escuchar música fuerte, invitar amigos para poder compartir su música lo podí­an hacer en el dí­a permitido, el sábado. Yo hice una tabla reservando los dí­as de la terraza para que todos podamos disponer de un sábado al mes, pero nadie me dio bola…

Pato, de vos no tengo nada para decir. La verdad que creo que vas a ser un muy buen tipo. Sos el único que cumplí­a con las tareas, el único que no dejaba todos los platos sucios dos dí­as en la pileta, el único que se preocupaba por ir a pagar la luz, el único que ofrecí­a un plato de comida sin pedir plata o puchos a cambio, el único que juntaba los soretes de Toby, el único que lo sacaba a pasear. Así­ que a vos te excluyo de esto. Pero igual te quiero decir algo, y es que te falta un poco de "picardí­a", no sé cómo decirlo. Tené cuidado y sé más vivo. Estos te van a avasallar si no. Y no lo digo por ellos, por ustedes, solamente. Como decí­a antes, no quiero que esto suene a que les estoy recriminando cosas, o que quiera que vengan corriendo a pedirme perdón, no, ya está, es una decisión y estoy muy feliz al haberla tomado. Pato, te digo esto para tu vida: ¡avivate! Yo sé lo que debés sufrir sin poder expresar bien lo que te pasa. Esa timidez que tenés te carcome por dentro, algún dí­a la cosa va a explotar.

Y con esto ya voy terminando. Esto es parte de algo más amplio pero creo que si lo toman como metafórico, simbólico, lo pueden aplicar a todo lo que estoy diciendo y quizás comprenderlo mejor. Es algo genérico, algo complejo, y estoy seguro que ustedes no son culpables, sino que es la sociedad que hace que actúen de esa manera: ¿por qué cuando vení­an sus novias, o cuando traí­an alguna chica tení­an que hacer tanto ruido? Sinceramente, es muy estúpido. ¿Cuál era el juego?, ¿decirles que griten para que los otros pensemos que eran los más capos, los mejores cogedores? Roque: ¿por qué mierda en un año y medio no arreglaste nunca la pata de tu cama? ¡Todas las noches el ruidito de la madera esa!... y encima no paga alquiler. ¿Cómo querés que me sienta?

No me quiero desviar, no se los quiero decir para que traten de hacer menos ruido, ni quiero lastimarlos. Quiero que lo entiendan: no los va a hacer más y mejores hombres el hecho de hacer gritar más a una mujer. No quieran ganar músculos, verse mejor, moverse más rápido para hacerla disfrutar más. Si tenés novia hace dos años, no hay posibilidad de que grite de esa forma cada noche, todas las noches. Te está mintiendo. Te digo en serio, yo sé reconocer cuándo una mina acaba y cuándo finge. Hace meses que lo hace para hacerte sentir bien, y eso es machista, ella no está disfrutando, así­ que hablalo o te va a dejar por otro. Esto se lo digo a Roque pero va para todos. Yo veo que todos se hacen los machitos, haciendo chistes de minas, de putos, sí­, es divertido, a veces yo también me prendo, pero hay que tener los pies sobre la tierra también, y saber cuidar a la mina que tenés al lado, como dijo Juampi, son como las chapas, si no las clavás bien se vuelan. Clavarlas y cuidarlas, ese es el verdadero macho.

Y con esto termino, amigos. Ayer a la noche me fui a bañar y vi el champú vací­o. Les confieso, por un lado sentí­ un poco de miedo, sabí­a que la hora de mudarme habí­a llegado y por otro, sentí­ mucho alivio. Alivio porque la situación no daba para más, y no siento que todos sean malas personas, creo (y esto con sinceridad) que no son tan malos interiormente, en serio, creo que solo les falta madurar un poco. Miren, si no lo creyera, no les hubiera escrito todo esto. Esto lo hago por ustedes. Y les voy a confesar algo que no pensaba contarles, algo que al mismo tiempo que me avergí¼enza me enorgullece, porque estoy seguro que va a ser una gran enseñanza y que no la van a olvidar. El dí­a que vi que el champú habí­a bajado enormemente, dos centí­metros más o menos, habiéndolo usado yo solo una vez, me enojé muchí­simo. Tal es así­, que para tranquilizarme me pajié y acabé adentro del champú. Al dí­a siguiente fui y me compré otro. Porque tení­a la plata para hacerlo, porque me rompo el culo trabajando para tener la plata, y porque el champú es mí­o, porque yo lo compré para mi pelo y porque les avisé que no era para compartir. Cada vez que me iba a bañar veí­a cómo el champú viejo bajaba mientras yo me llevaba escondido el nuevo, y, casi como un juego, fui llenándolo de guasca en cada baño. Pero ustedes lo usaban más, y así­ se fue consumiendo hasta que anoche, uno de ustedes lo terminó. Seguramente ahora van a estar enojados, y es entendible. Pero si lo piensan bien, es más entendible mi situación y estoy seguro que un dí­a me lo van a agradecer. No creo que lo puedan entender ahora, pero piénsenlo. Espero que este tiempo que hayamos compartido sirva finalmente para algo y que estas palabras le sirvan para recapacitar un poco.

Me fui sin despedirme pero eso no quiere decir que no los quiera ver más en mi vida. Quizás no ahora, pero en algún momento, luego de que hayan reflexionado estas cosas que les digo, que repito, no son tanto de convivencia sino humanas, puedo volver a hablar con ustedes. Podemos tomar una cerveza, podemos ir a jugar al fútbol, yo no tengo ningún problema y no voy a guardar rencores. Pero por lo pronto, mejor serí­a que mantuviéramos cierta distancia. Y bueno, cuando consigan esas cosas para la casa les pido que las traigan lo antes posible, no tanto porque tenga demasiada necesidad en las mismas, sino para impartir un poco de justicia en esto que ya no tení­a ni tiene demasiado gollete. 

 

PD: Un tip que les va a venir bien. Una buena forma de hacer que una chica vuelva a su casa después de pasar una noche, es que cuando vaya a lavarse las manos no tenga que lavarse con los pendejos de ustedes. Afeiten el jabón después del bañado y les va a ir mucho mejor.

 

Ariel Aguirre (1991) nació en Santa Fe y es Licenciado en Letras. Publicó el libro de cuentos Weekend, ganador del 1er. Premio en el Concurso Literario Municipal (Santa Fe, 2017), el libro de poesí­a Las cuerdas que nos sostienen  (Rosario, Neutrinos, 2016) y el libro con el cuento Dos y Tres (Santa Fe, Editorial 4 ojos, 2015). Codirige un taller literario en Santa Fe y es parte del grupo de poesí­a La Chochán, que organiza eventos literarios y actividades de difusión de la poesí­a.