Editorial #01

Editorial #01

Podríamos decir que el tema de este número lo elegimos antes de que se armara el debate en las redes a partir de algunas intervenciones de Selva Almada y Julián López. Y aunque sería cierto, en definitiva, no agregaría nada. Porque hay veces que las cosas están dando vueltas en el aire, como una sensación general que varios respiran pero a la que solo algunos logran ponerle nombre y apellido. Y el punto álgido, en todo caso, es ese: el dinero y la escritura.

Sin ir más lejos, la misma gestión de este proyecto estuvo atravesada por este problema. Me explico: a fines del año pasado nos juntamos algunos con el interés de hacer una revista digital de literatura. Hicimos una primera reunión. Hablamos del formato de la publicación, de los posibles temas, de entrevistados y hasta de la cuestión técnica. En uno momento alguien preguntó por la financiación del proyecto. Entonces yo, un poco porque era uno de los que había insistido con la reunión, me sentí en la obligación de responder. Recuerdo que dije algo que ahora me suena obvio, casi una verdad de Perogrullo, pero que en aquel momento y en aquellas circunstanciaos sonó a provocación; dije: esto no es un negocio, es más, puede que perdamos plata, o sea, la verdad es que lo vamos a tener que financiar nosotros. Y aunque no fue la intención, terminó siendo una declaración de principios. A partir de ahí nos quedamos los cuatro que formamos parte del equipo de Outsider, la revista: Valeria Iglesias, Alexandra Jamieson, Lina Boselli y yo. Pusimos dinero para que se haga realidad la publicación. Pero además de dinero, pusimos lo que más valor tiene en nuestra sociedad, tiempo y trabajo. Y lo hicimos a cambio de nada.

Y sin querer, ese gesto arriesgado en el que unos apuestan a un proyecto sin tener ningún cálculo de sus beneficios pero sí sabiendo sus costos, nos convirtió en un símbolo político a contrapelo de los valores que actualmente imperan. Por otro lado, íntimamente creo que un artista es eso, justamente: alguien que se deja dominar por el deseo de expresar algo sin saber si el producto de ese trabajo va a tener algún impacto.

Nos sentimos orgullosos de lo que hicimos. Pero el orgullo no es tanto por las condiciones adversas en las que lo produjimos, sino, más bien, por el producto que pusimos a rodar entre los lectores.

En pocos meses, nos vemos de vuelta.