tremendísimos

tremendísimos

 

No resulta poco significativo que la tapa del libro más reciente de Juan Báez Nudelman nos reciba con una puerta. O un portal. O una capa sucesiva de portales en una noche con algunas estrellas perdidas por ahí. Y un camino definido.

Uno de esos portales dice:

“con una mueca odiosa de sentir tremendo

le doy caras y nombres a todos los conflictos

que no llegan todavía

les ofrezco una alfombra en la entrada

y un cuchillo en el vientre” (p.8)

Luego, en tres capítulos (Constelación - Concreto social - Cosas que no son), los poemas se van sucediendo en esas capas internas, construyendo una obra que no es casual y que busca unir, sin simplificaciones, un decir de nuestros días: “este packaging prometedor / lleno de nebulosas” (p.66).

Nos atraviesan los poemas porque nos hablan, todo el tiempo, a veces con decires de abuela adolescente, de amigo borracho de lucidez, de gurú de la mass media. Nos desesperan, nos trastabillan, nos levantan para ser otro. Repiquetean en espacios virtuales, etéreos. Pero también en espacios de acá, y no me refiero a la ciudad de Posadas, sino al “acá” que delimita el yo contemporáneo, ese que consume para ser. Como vos y yo. Porque acá estamos leyendo. “por eso me encanta señalar cosas / cuando camino por la calle / porque mugre sobra / para señalar” (p.50).

Por momentos, para señalar se apoya en lo narrativo, uno que hace esto, lo otro y al final el poema nos deja boyando como un cuento de Carver. Por momentos, se sustenta en bloques de imágenes que arman una pluralidad de entradas posibles, sin una línea a seguir, en un zigzagueo significante. Al apoyarse en lo narrativo nos da una falsa sensación de historia: nunca es una historia, sí son miradas, asomos de respuestas a cómo haríamos para decir eso de otra forma.

Se aproxima, a veces, no lo suficiente, confiando en el siguiente poema para que lo incompleto haga su parte. Así nos lleva el libro, instalándonos en un artificio de flotación entre dos espacios: sin comienzo, sin fin.

“Pero después de vivir tantos años

actualizando partes

sólo una cosa puede pasar

que tenga un sentido válido:

daremos con el botón de reset

y volveremos a la nada

a empezar el camino hacia la nada” (p.84)

Vemos en este ejemplo, que no es el único, cómo el trabajo desde el léxico se nutre de lo que se cruza, desde el mundo de las computadoras a lo mundano. Lo coloquial hace pie para la construcción de imágenes surrealistas, incluso algunas se muestran como figuras que vienen desde el más allá, el comienzo de los tiempos, supongamos. “Es un momento ideal para privarse de contarnos / estamos por salir de todo lo que nos rodea” (p.14).

Báez Nudelman nos deja un libro que es una proyección de una voz hyperlinkeada que no va a parar hasta unirlo todo: “¿no es una orgía / de ficciones / todo este aparato / que nos une?”. Para lograrlo hace falta que el poema nos amenace. O que no lo entendamos. No del todo. O que sí lo entendamos pero no, ni por asomo, nos den ganas de aceptarlo. Menos mal.

 

*

 

Juan Báez Nudelman 

Nació en Posadas, en el año 1991. Con estudios en letras, comunicación, música, producción artística integral, ha realizado a lo largo de su vida distintas experiencias artísticas y culturales como radio, cine, teatro, danza. Desde sus inicios forma parte de la Murga de la Estación (de Posadas), donde se dedica a la coordinación musical y otras actividades como vecino actor. Es uno de los referentes del grupo Poesía de miércoles y cuenta con una primera publicación titulada “Decimos para no decir”, realizada por la editorial independiente RayMond en el año 2014.

 

*