GOD OR NOT

GOD OR NOT

Gordo

Autor: Sagrado Sebakis

Milena Caserola 

Buenos Aires, 2014 y “Primavera de 2017”

 

Gordo es una novela de Sagrado Sebakis, el alter ego de Sebastián Kirzner (escritor, productor, performer, y por ahí sigue la lista). Seguramente, muchos ya conocen al protagonista por sus famosos posteos en las redes sociales; siempre desopilantes, incisivos, absurdos, cargados de una deliciosa ironía que los hace geniales.

Pero en este caso, la ficción aparece encuadrada en un retazo de historia hiperrealista, llena de detalles que a simple vista no hacen a la cosa, y sin embargo, logran interpelar al lector a través de una prosa que desafía las bases de todo eso que llamamos ideología.

Cuando se abre la novela, pareciera que algo falla. Es la moción de enumeración que admite esa manera extraña de secuenciar las partes que conforman el libro. Me recuerda a La loca y el relato del crimen. Entonces, lo primero que hago es buscar lo distinto en lo recurrente. Empieza con “428” y dice “AM en la era digital”, lo cual podría indicar amplitud modulada, o antes del mediodía, un dato aislado; pero cuando llego al capítulo “967” (que sería el tercero), encuentro lo que estaba buscando, y, sin embargo, el primer párrafo de la misma página comienza diciendo “5:00 de la mañana” (incluso con dos puntos).

Todo en Gordo es así de enigmático y exagerado. El protagonista es un artista.

“Creo ser alguien que no termina de entender profundamente nada. Menos que menos a sí mismo”, declama.

“El frío seco, el frío del sur, es como la mano tensa de un padre que, educado a los golpes, intenta contenerse al enseñar el invierno a sus hijos, volviéndose firme y seco”, asimila.

El punto de vista que adopta el protagonista revela la intención poética que el autor despliega sobre una época mal llamada “apática”. En cambio, en la novela, podemos encontrar la hipérbole del ser portador de un tipo de inteligencia emocional inmensa y errática, siempre casual, aleatoria, aferrada a cada pixel que se aglutina plasmando realidades y nociones estéticas.

“Pierre Bordieu planteó que el arte no existe”, recuerda.

“Hasta que finalmente crecí, adquirí lenguaje, comencé mis estudios, tomé conciencia. Abandoné los jueguitos y me abrí una casilla en facebook. En fin, me hice adulto”, admite.

Gordo se burla de todo con una insondable habilidad caricaturesca. Elabora teorías sobre su condición física, sobre-su-sobre-peso, sobre todos los artistas de todos los medios, sobre política. Y alrededor de eso, orbita un sinfín de escenas pintorescas del underground reflejando, sin el menor eufemismo, la voracidad de una época de resiliencia que prospera contra los pronósticos de todos los profetas apocalípticos.

Después está el capítulo “444”. Quiero decir: más allá, mucho más allá de cualquier interrogante formulado al principio. “Fue tan intenso que podría asegurar que en ese mismo momento un nuevo lama nació en Nepal”. Pero les aconsejar a los lectores que no se adelanten, que no se dejen llevar por la ansiedad. Gordo es un libro que requiere paciencia para encontrar, en su aspereza, la rugosidad de la trama. Eso que llaman La Belleza.