"Te confieso alguito". Entrevista: Ana Ojeda

Para inaugurar la sección Tierra extranjera interior, conversamos con Ana Ojeda, escritora, traductora y editora argentina, a quien agradecemos su participación.

Ana, ¿qué serías si no fueras traductora? ¿Por qué?

Soy escritora. Pienso la traducción como una escritura en segundo grado, el producto de la combinación de dos escrituras, la de la autora y la de la traductora, que se amalgaman para dar a luz a una nueva versión posible de un texto. Podría decir que mi vocación es la escritura y trato de ejercerla de todas las maneras posibles.

 

¿Traduttore traditore? ¿Conviene traducir sin volcar la propia lectura e interpretación en el proceso?

Parto del supuesto de que la traducción total es imposible porque cada lengua responde a un complejo conjunto de interrelaciones culturales y de una Weltanschauung puntual, intrasvasable en un cien por ciento: son maneras de entender el mundo y nuestro lugar en él fraguadas al calor de cada lengua particular. Por lo tanto, creo que lo que hace toda traductora es versionar, recrear, un texto de otra persona en su propia lengua, encontrando paralelismos y modos de decir (que son maneras de entender). Inés Garland tiene una frase muy linda, descriptiva: hay que medir la temperatura de las palabras en su lengua original y trasladar esa temperatura a la propia.

 

¿Traducción local o "universal"? ¿Por qué?

No creo que exista un castellano “universal”, monolítico. Sí existe un constructo lingüístico –muy empobrecido en cuanto a potencia expresiva–, que puede funcionar para los subtítulos de las series o las películas. No me parece apto para la literatura (en sentido lato). Pienso que cada colectivo humano debe tener la oportunidad de traducir cualquier obra literaria que despierte su interés a la lengua que considere propia (el rioplatense, en mi caso), con sus inflexiones particulares, locales. Lo considero un derecho, como el acceso a la cultura. El lenguaje es la malla con la que aprehendemos la experiencia de ser en el mundo, por lo tanto, los límites de nuestro lenguaje son los límites de nuestro mundo. Son decisiones que parecen fútiles y son, en cambio, importantísimas.

 

La yapa: ¿Cómo es la relación de los traductores con el dinero? ¿Es un trabajo más bien subvalorado?

Es un trabajo nunca lo suficientemente valorado. En mi opinión, la traductora y la autora deberían tener el mismo reconocimiento contractual por parte de una editorial.

 

Para terminar, Ana nos comparte su traducción de la apertura de Hastío de París (poemitas en prosa) de Charles Baudelaire (1855):

A Arsène Houssaye

Mi querido, te estoy mandando una obrita de la cual no podría decirse, sin injusticia, que carece de pies y cabeza, porque todo en ella es a la vez pie y cabeza, alternativa y recíprocamente. Te pido que consideres por un momento la comodidad inigualable que este hecho nos ofrece a todos: a vos, a mí y al lector. Permite la interrupción en cualquier momento y lugar, yo de mi ensoñación, vos del manuscrito, el lector de su lectura; porque no suspendo la voluntad reacia de este último al cabo de una –interminable– intriga banal. Sacale una vértebra y los dos trozos de esta tortuosa fantasía se juntan sin ninguna dificultad. Tronchale un par de fragmentos y vas a ver que cada uno puede existir de manera independiente. Ojalá algunos de estos tramos resulten lo suficientemente vivos para gustarte y divertirte; con la esperanza de que así sea, me atrevo a dedicarte esta serpiente en su totalidad.

Te confieso alguito. Hojeando por vigésima vez, al menos, el famoso Gaspar de la noche, de Aloysius Bertrand (porque un libro que conocés, que conozco, que conocen algunos de nuestros amigos, ¿no merece –en efecto– ser tildado de “famoso”?), me asaltó la idea de intentar algo parecido y aplicar a la descripción de la vida moderna, o más bien, de una vida moderna y más abstracta, el mismo procedimiento que él usó para retratar la vida pasada, tan extraña y pintoresca.

¿Quién no soñó, un día ambicioso, con el milagro de una prosa poética, musical sin ritmo ni rima, tan leve y fragmentaria como para adaptarse a los movimientos líricos del alma, al oleaje de la ensoñación, a los sobresaltos de la conciencia?

Éste es un ideal que nace sobre todo de la vida en ciudades enormes, en sus innumerables relaciones. Vos mismo, querido, ¿no trataste de plasmar en una canción el grito estridente del Vidriero y de expresar en una prosa lírica toda la sugerente desolación que ese grito cuela en las buhardillas, a través de las brumas más altas de la calle?

Pero, para serte franco, creo que los celos no me dieron resultado. Tan pronto como comencé a trabajar, comprendí no sólo lo lejos que estaba de mi misterioso y brillante modelo; además me di cuenta que estaba haciendo algo (si es que puedo llamarlo así) singularmente diferente, accidente del que cualquiera se enorgullecería, sin duda, pero que humilla –profundamente– a un espíritu como el mío, que tiene por el honor más alto de un poeta la realización exacta de lo que se ha propuesto.

Tu afectuoso,

C. B.

 

Compartimos también el texto original en francés. 

À Arsène Houssaye

Mon cher ami, je vous envoie un petit ouvrage dont on ne pourrait pas dire, sans injustice, qu’il n’a ni queue ni tête, puisque tout, au contraire, y est à la fois tête et queue, alternativement et réciproquement. Considérez, je vous prie, quelles admirables commodités cette combinaison nous offre à tous, à vous, à moi et au lecteur. Nous pouvons couper où nous voulons, moi ma rêverie, vous le manuscrit, le lecteur sa lecture; car je ne suspends pas la volonté rétive de celui-ci au fil interminable d’une intrigue superflue. Enlevez une vertèbre, et les deux morceaux de cette tortueuse fantaisie se rejoindront sans peine. Hachez-la en nombreux fragments, et vous verrez que chacun peut exister à part. Dans l’espérance que quelques-uns de ces tron- çons seront assez vivants pour vous plaire et vous amuser, j’ose vous dédier le serpent tout entier.

J’ai une petite confession à vous faire. C’est en feuilletant, pour la vingtième fois au moins, le fameux Gaspard de la Nuit, d’Aloysius Bertrand (un livre connu de vous, de moi et de quelques-uns de nos amis, n’a-t-il pas tous les droits à être appelé fameux?) que l’idée m’est venue de tenter quelque chose d’analogue, et d’appliquer à la description de la vie moderne, ou plutôt d’une vie moderne et plus abstraite, le procédé qu’il avait appliqué à la peinture de la vie ancienne, si étrangement pittoresque.

Quel est celui de nous qui n’a pas, dans ses jours d’ambition, rêvé le miracle d’une prose poétique, musicale sans rythme et sans rime, assez souple et assez heurtée pour s’adapter aux mouvements lyriques de l’âme, aux ondulations de la rêverie, aux soubresauts de la conscience?

C’est surtout de la fréquentation des villes énormes, c’est du croisement de leurs innombrables rapports que naît cet idéal obsédant. Vous-même, mon cher ami, n’avez-vous pas tenté de traduire en une chanson le cri strident du Vitrier, et d’exprimer dans une prose lyrique toutes les désolantes suggestions que ce cri envoie jusqu’aux mansardes, à travers les plus hautes brumes de la rue?

Mais, pour dire le vrai, je crains que ma jalousie ne m’ait pas porté bonheur. Sitôt que j’eus commencé le travail, je m’aperçus que non seulement je restais bien loin de mon mysté- rieux et brillant modèle, mais encore que Je faisais quelque chose (si cela peut s’appeler quelque chose) de singulièrement différent, accident dont tout autre que moi s’enorgueillirait sans doute, mais qui ne peut qu’humilier profondément un esprit qui regarde comme le plus grand honneur du poète d’accomplir juste ce qu’il a projeté de faire.

Votre bien affectionné,

C. B.

 

Ana Ojeda nació en Boedo en 1979. Publicó tres novelas: Modos de asedio (2007), Falso contacto (2012) y No es lo que pensás. Sobre la imposibilidad de viajar (2015); dos libros de cuentos: Necias y nercias (2017) y La invención de lo cotidiano (2013); y otros dos de poemitas en prosa: Motivos particulares (2013) y Gorgoritos (2016).

Participó con relatos en las antologías LibroVivo (2012), Antología Outsider 3: Cuento raro (2012), Paganos (2014), La frontera durante (2014), La mano que mece (2015) y Taco aguja (2016).

Tradujo varios libros, entre ellos Una tempestad, de Aimé Césaire. http://anaojedablog.blogspot.com.ar

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