Hombres con derecho a engendrar

Hombres con derecho a engendrar

Estrógenos
Leticia Martin
190 páginas
2016  (Galerna)
2019 (Huso)

 

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En el ensayo "Hombres y Engranajes", Ernesto Sábato, entre otras reflexiones señala, refiriéndose a la sociedad contemporánea, el imperio alienante de la técnica y la masificación del hombre en su afán de obtener e intercambiar cosas como repuestos de una maquinaria.  Esta cosificación, donde las máquinas dominan el goce y el deseo, remite a la novela Estrógenos, de la escritora y editora, Leticia Martin, publicada por Galerna en el 2016 y que en el 2019 tuvo su versión española por la Editorial HUSO.
La trama, en una narración ágil, precisa y no del todo despojada, con una progresiva tensión, induce a múltiples pensamientos entre personajes que se dividen entre la continuidad o la extinción de la raza humana. El espacio y el tiempo son un futuro que opera como una parábola turbulenta donde las acciones de los protagonistas Cecilia y Martí­n, una pareja que concibe el amor como un sentimiento de otra época y el sexo, "un encuentro entre espermatozoides y el óvulo congelado", más que placer producen "dolores y molestias".  
El anuncio que hace Martí­n de su embarazo está narrado con tanta naturalidad, "los hombres tenemos derecho a engendrar", que lleva a pensar que esa situación puede ocurrir en un futuro, ya que el tiempo de esta novela donde se pueden engendrar varones antipatriarcales, crear aparatos tecnológicos que apartan a los individuos de la realidad exterior y un poder estatal represor, puede leerse como un arquetipo futurista de nuestro presente.  
La historia sorprende no solo por la desbordante imaginación de la autora, "Libertad para quienes eligen concebir", "Una cantidad de máquinas perfectamente ordenadas alberga fetos de tres meses en proceso de fertilización asistida", sino también por las conductas no esperadas de los personajes, como es el caso de Martí­n cuando describe sin eufemismos una relación sexual explicita.
Leticia Martin, en Estrógenos, su segunda novela, parece seguir los consejos de Jorge Luis Borges cuando refiriéndose a "El Aleph" dice: "Como esa idea era rara, siguiendo el concepto de Wells, conviene que lo demás sea vulgar o normal para que la narración lógica lo acepte".   La autora toma un espacio actual para su trama ambientada en el futuro, "inoculó sus óvulos en mi cuerpo", cuenta Martí­n, quien camina por Florida hasta Santa Fe y podrí­a tomar el subte hasta la avenida Corrientes.
Uno de los logros de esta novela donde los continentes se reordenaron o se desintegraron en múltiples islas es lo implí­cito, lo no escrito, que muchas veces es más importante que lo dicho.  Por eso a Estrógenos no solo se la puede catalogar de novela de subgénero fantástico o de ciencia ficción y de texto feminista que aborda los temas rí­spidos de la maternidad o de varones que todaví­a cargan perjuicios de otra época como el llorar, sino también como un texto innovador que adelanta lo que le puede ocurrir al ser humano si continúa alejado del crecimiento de su faz interior, solidaria y afectiva.   
La lectura de Estrógenos, además de lo que puede sucederle a la humanidad por su alienante cosificación, erigida como máxima divinidad, conduce también a reflexiones teológicas que remiten a la Biblia. "El hombre creó a las máquinas a su imagen y semejanza, las creó hombre y mujer, las máquinas crecieron y se perfeccionaron y llegaron a registrar todo lo que el hombre decí­a y pensaba y entonces los dominaron".  Un lector hereje podrí­a preguntarse si el hombre y la mujer que creó el Dios del Antiguo Testamento a su imagen y semejanza registrarán con el correr de los siglos todo lo que ese Dios dice y piensa, todo lo que es, si realmente es algo, o es solo una proyección platónica emitida por una de las tantas máquinas de la novela de Leticia Martin.