Mirar el mundo, con los ojos de Liliana

Simi Tití­ mira el mundo

Liliana Bodoc (Ilustradoraciones de Viviana Garofoli)

Grupo Editorial Norma

31 páginas

2016

-

Las bibliotecas nos llevan más allá de los anaqueles polvorientos y hacen posible el encuentro con autores maravillosos, más allá de lo material, de lo tangible. Muchas veces, leer literatura, en nuestros paraí­sos borgianos, marca a fuego, palabras inquebrantables. Hace tiempo, tuve uno de esos encuentros al conocer la obra de Liliana Bodoc. Ese dí­a descubrí­ que su escritura es una vertiente inacabable de mundos y miradas.

En esos dí­as de bullicio escolar, entre el recreo de primer ciclo y las visitas editoriales, llegó a mi biblioteca un cuento corto. Un libro álbum bellamente ilustrado. Me alegré, porque era de Lili y sabí­a que era una travesí­a segura. Por cosas de la vida, o de la escuela mejor dicho, no pude leerlo ese dí­a, así­ que simplemente inventarié Simi Tití­ mira el mundo y lo puse en el estante de novedades para los más chiquitos del colegio. Como era de esperarse, ese primer dí­a, se prestó: "Seño ¿a este librito me lo puedo llevar? ¡Tiene un monito, mirá!" Con alegrí­a y algo de apuro Sofí­ de primero A se lo llevo a casa esa mañana. A los dos dí­as volvió el libro con su lectora, pero en esa ocasión los acompañaba un par de anteojos de papel. "Son para vos, seño para que mires el mundo entero". Llena de alegrí­a abracé fuerte mi regalo, el libro y a Sofi. Y ahí­ comenzó mi aventura nueva, ni más ni menos que en la selva. Pude entender entonces que, aunque su lectura durase un recreo, es de esas historias que se recuerdan para siempre.

Al abrir las páginas de este hermoso libro álbum, las ilustraciones de Viviana Garofolite se mecen entre las palabras de Liliana en un sinfí­n de enredaderas. Dentro de una selva plagada de personificaciones y palabra poética, Simi Tití­ está intrigadí­simo por saber qué se siente al poder usar un par de anteojos, por lo que decide probarse los de su mamá, los de su hermano y hasta los de su abuelito.

Y es que los anteojos no se prestan, les decimos a los niños. Y es que ponerte "ajenos anteojos" sí­ que enoja a las mamás y más que a nadie, a la mamá de Simi.

A través de este artefacto, la autora invita al lector a mirar el mundo de maneras profundas. A entender las miradas de los otros, sin desprecio, ni prejuicios, comprensivamente. Porque a veces, las miradas más simples pueden cambiarte el mundo entero. Y es ahí­, que el hermano de Simi ve un mundo lleno de colores, la mamá súper prolija que enseña en la escuela solo ve letras y números escondidos aquí­ y allá, mientras que el abuelo mantiene vivo el recuerdo de una abuela amorosa, en una selva más cuidada, con más árboles. Y el pequeño protagonista se avergí¼enza, porque en realidad mira la privacidad de sus mayores sin permiso. Es que los niños recién están aprendiendo a mirar con sus propios ojos. Las ideas brotan en esa selva de "escarabajos coloraditos".

Los primeros lectores seguramente pasarán por alto los juegos del lenguaje que proponen la autora y la ilustradora, como por ejemplo, la composición de la selva, los gustos y emociones que atraviesan las franjas etarias de los diferentes personajes que, la mayorí­a de nosotros como adultos, rápidamente entenderí­amos y reflexionarí­amos sobre ellos, porque refieren acerca de la vida que llevamos. Pero la trama invita a mirarnos hacia adentro también. Y no queda solo allí­. A nosotros los adultos, a los mediadores, nos incita a pensar, sobre todo cómo nuestros chicos y chicas nos ven a nosotros mismos. Porque este cuento maravilloso es transformador.

Desde una perspectiva más didáctica, Simi Tití­, se convirtió en estrategia pedagógica. Y las docentes en puentes innovadores. Ellas junto a sus alumnos desandaron las lianas que mecí­an la historia, visibilizando las voces y miradas recónditas propuestas por la autora, a través de interrogantes que pondrí­an en tensión el andamiaje de cada lector. Y es que este cuento, es una obra con un valor inmenso, que contribuye a reflexionar y ampliar las estructuras del lenguaje como otra puerta de entrada a la cultura letrada. Es un libro con abundante lenguaje visual y verbal, marcado por una estética que permite el despliegue de múltiples capas de significados. Libera infinitas posibilidades.

Gracias a Simi Tití­ mira el mundo, en las aulas ocurrieron convites de palabras variados, que propusieron a los niños a hilvanar sus propias historias familiares y a constituirse como sujetos, creativos. Ellos fabricaron sus propios anteojos y, tomando la palabra, imaginaron y dijeron lo que veí­an. Y es que de eso se trata leer literatura, de ampliar repertorios, de empoderarse. Simi Tití­ nos explica que cada uno "puede mirar el mundo a su modo. Y que el mundo está afuera… pero también adentro."

Y la autora nos invita.

Nos invita a dejarlos elegir qué mirar, a ver más allá de nosotros.

Y es que eso era, es y será Liliana Bodoc. Aquella mujer que nos llevó a los confines de la palabra. La autora que nos enseñó que se puede mentir para decir la verdad. La maestra que devolvió a las aulas con su poesí­a, a ese niño que yací­a tendido en una playa. Una madre que nos aferró fuerte a su obra para seguir viviendo por siempre, en la cultura popular que siempre defendió.