Liliana Bodoc en el aula: una experiencia, dos versiones

Liliana Bodoc en el aula: una experiencia, dos versiones

Los invito a leer este texto que escribí­ a partir de la propuesta que un dí­a me acercó una de las editoras de Outsider. Sabiendo ella de mi admiración por Liliana Bodoc, me dio la oportunidad de escribir en su homenaje. Narré no sólo mi experiencia como lectora sino también como docente que ofrece una de las obras que más disfruta de esta escritora y poeta: La Saga de Los Confines I.

Una versión del texto, la primera que escribí­, se centraba exclusivamente en las vivencias y emociones que nos atraviesan cuando la leemos en la escuela. Incluí­a, por supuesto, un momento crucial de la historia que me conmueve especialmente pero que, anticipándola en el texto, hací­a de spoiler para quienes aún no la han leí­do. Por eso decidí­ reescribir esa parte cuidando este aspecto y así­, después de varios borradores, terminé una segunda versión que reemplaza a la primera.  Sin embargo, desde Outsider, me han sugerido incluir las dos versiones (alerta de spoiler mediante donde corresponde) y, así­, cada lector/a decidirá hasta dónde avanzar con la lectura. De no hacerlo hasta el final, deseo sean pronto nuevos lectores de La Saga.  

 

Versión sin spoiler

"La Educación no se imparte, se devuelve"

                                                                          Liliana Bodoc

 

Hace ya algunos años llegó a mis manos el primer libro de La Saga de Los Confines. Después de la insistencia de colegas-docentes apasionados y de dos intentos frustrados de convertirla en mi lectura de algún verano, finalmente me adentré en la historia.

Página tras página recorrí­ paisajes, consulté el mapa del territorio, me maravillé con criaturas de colas luminosas y ojos de presagio, comprendí­ que la memoria familiar puede estar escondida en objetos cotidianos y, la de todo un pueblo, en el cuerpo valiente de una mujer.

Y muy pronto, entonces, Liliana Bodoc ocupó un lugar especial en mi biblioteca y en esa parte de mí­ destinada a amar la literatura. Me convertí­, sin advertir cuándo, en una lectora amante de su obra. Descubrí­ en ella una escritora – y docente también – capaz de narrar con la misma belleza literaria el amor y el odio, la paz y la guerra, el beso y la violencia, la lealtad y la traición.

Y así­ como una vez llegó a mis manos el primer libro de La Saga, hubo un momento en el que decidí­ acercar esta historia a otras manos. Liliana Bodoc dijo una vez que "la educación no se imparte, se devuelve". Y tal vez ofrecer a niños y a niñas la propuesta de leer esta novela en la escuela sea una oportunidad de devolver la experiencia de abrir otros nuevos mundos.

A partir de esta decisión, me encontré, como docente, una y otra vez con la historia de esta novela. Y a pesar de ya no ser lectora sino re-lectora del texto, cada año vuelvo a sentir, frente al prólogo, la extraña sensación de estar parada en el umbral de una nueva historia. Es que, en definitiva, en este ejercicio literario de encuentro y reencuentro, descubro que nunca se trata del mismo texto. Tampoco de la misma lectora cada vez… la relectura de una novela puede que se parezca en esta experiencia a la nostalgia; vamos recordando la trama de la historia y nos reencontramos, de tanto en tanto, con los pasajes que nos emocionaron alguna vez y por motivos que quizá ya ni recordamos.  

 

Y de pronto, toca el timbre que nos trae del recreo y el aula se percibe diferente. Acomodamos el cuerpo para la literatura y el silencio de la escucha empieza a ocupar lugar. Cada quien se acomoda donde prefiere para viajar a Los Confines, en el sur de las Tierras Fértiles.

¿Acaso no escuchan, como nosotros, los sonidos del bosque?

Espiamos a la familia husihuilke que ahora está reunida alrededor del fuego escuchando bellas historias en boca de Vieja Kush, la más anciana. No saben los hechos que se avecinan mientras nosotros, los lectores, empezamos a sospechar y se nos hace nudo en el estómago. Una página tras otra escuchando al Brujo de la Tierra y recibimos, de pronto, la visita de un mensajero del norte del continente. Nos cuenta que se avecinan tiempos difí­ciles: el Odio Eterno susurra palabras parecidas a la verdad y barcos extranjeros amenazan la Tierra amada por sus pueblos.

Muchas batallas resistimos en las jornadas de lectura. El aula se vuelve campamento en algún lugar estratégico del continente. Nos duele cada disparo, cada estruendo de injusticia. Mientras juramos no perdonar a los traidores, celebramos el acierto de cada flecha. Y después de leer el primer capí­tulo, ya nada es igual para nosotros. Entonces, nos hacemos fuertes para seguir resistiendo batallas hasta llegar al final de la novela.

  

Y así­ continúo, año tras año escolar, transitando jornadas de lectura compartida acompañada por Liliana Bodoc. Mujer partera de personajes que aprendemos a amar, justiciera de los que merecen la victoria y centinela de la maldad de los que aborrecemos. Creadora de mundos imaginarios. Guardiana de los secretos que motorizan las historias y que nos deja descubrirlos en el momento exacto de la emoción.

Gracias para siempre, Liliana.

 

Versión con spoiler (seguir solo si ya leí­ste el primer libro de La saga de Los Confines)

 

Tocó el timbre que nos trae del recreo y el aula se percibe diferente. Acomodamos el cuerpo para la literatura y el silencio de la escucha empieza a ocupar lugar. Cada quien se acomoda donde prefiere para viajar a Los Confines, en el sur de las Tierras Fértiles.

¿Acaso no escuchan, como nosotros, los sonidos del bosque?

Espiamos a la familia husihuilke que ahora está reunida alrededor del fuego escuchando bellas historias en boca de Vieja Kush, la más anciana. No saben los hechos que se avecinan mientras nosotros, los lectores, empezamos a sospechar y se nos hace nudo en el estómago. Una página tras otra escuchando al Brujo de la Tierra y recibimos, de pronto, la visita de un mensajero del norte del continente. Nos cuenta que se avecinan tiempos difí­ciles: el Odio Eterno susurra palabras parecidas a la verdad y barcos extranjeros amenazan la Tierra amada por sus pueblos. Despedimos entonces a Dulkancellin como lo hacen sus hijos y la anciana. Lamentamos la partida del guerrero con Wilkilén, la hija más pequeña, y podemos comprender el enojo de Kume, el hijo cuyos sentimientos se hacen piedra en su garganta.

Muchas batallas resistimos en las jornadas de lectura. El aula se vuelve campamento en algún lugar estratégico del continente. Nos duele cada disparo de los extranjeros, cada estruendo de injusticia. Mientras juramos no perdonar a los traidores, celebramos el acierto de cada flecha de Dulkancellin y sus guerreros. Y ahí­ lo imaginamos, montado en ese animal con cabellera, cuando deja de ser hombre para convertirse en furia. Continúo la lectura pero la vulnerabilidad de mi voz obliga a algunos a levantar la mirada del libro. Entonces nos miramos. "¿Qué pasa?", nos preguntamos, "¿qué significa que la flecha se cruza con el fuego?". 

Y sucede entonces que el disparo atraviesa el cuerpo del guerrero y ya no queremos avanzar, pero nos es inevitable. Ya nada es igual para nosotros… y nos volvemos a mirar en silencio y releemos esas lí­neas para retenerlo, al menos, unos minutos más en el aula. Y nos abrazamos al dolor de los personajes porque no queremos despedir a Dulkancellin para siempre. Entonces, nos hacemos fuertes para seguir resistiendo las últimas batallas que transcurren en el tramo final de la novela. 

Y así­ continuamos nuestras jornadas de lectura compartida de la mano de la escritora y poeta argentina Liliana Bodoc (1958 – 2018). Mujer partera de personajes que aprendemos a amar, justiciera de los que merecen la victoria y centinela de la maldad de los que aborrecemos. Creadora de mundos imaginarios.  Guardiana de los secretos que motorizan las historias y que nos deja descubrirlos en el momento exacto de la emoción.

 

Gracias para siempre, Liliana.