Elogio al síntoma

Elogio al síntoma

Dimensiones del síntoma 

Autora: Verónica Cohen

Ediciones Kliné, Colección Variaciones

Buenos Aires, 2016

 

Este libro es el cuarto libro de la Colección Variaciones, de editorial Kliné. Como cada uno de los libros que forman parte de esta colección y, como la amplia mayoría de los libros editados bajo ese sello editorial, lleva la marca del lenguaje hablado. Se transmite, con este acto, que el psicoanálisis se hace hablando, poniendo en juego la materialidad de la voz y el cuerpo, no sin la letra, condición de posibilidad de lo legible. La totalidad de los textos son el pasaje a lo escrito de clases y conversaciones que tuvieron lugar en la Escuela freudiana de la Argentina, refiriéndolos y dirigiéndolos a otros, que estaban allí para escuchar y también para hablar. Tal vez, estas sean las razones por la que al leerlo suena y resuena la voz, la tonalidad y la cadencia de la voz de su autora y, también, la razón por la que se vivifica lo escrito en sus páginas.

Otra marca del modo en que la autora entiende y, entonces, practica el discurso del psicoanálisis, considero, que puede leerse en el hecho de que en su recorrido asistimos a una especie de espiral que atraviesa la enseñanza de Freud y de Lacan, dando cuenta de la cronología del tema trabajado como la temporalidad necesaria por la que estos dos hombres transitaron a partir de lo escuchado en la experiencia del análisis. Pero, a la vez que no se desdeña lo que este recorrido lineal puede aportarnos -por ejemplo, el encadenamiento necesario de la lógica de la construcción de lo que se está entramando- esta cronología no reduce tal temporalidad a una lectura superadora de un último Freud y un último Lacan, como si el final de la enseñanza fuera la superación que dejaría caduco y perimido lo dicho antes. La autora interroga y presenta este modo de entender lo que lee yendo al ras o a la letra de lo que dicen cada uno de los seminarios o textos que trabaja, pero, en consonancia y sin contradicción, leyendo y transmitiendo, lo que tiene por y para decir, bajo el tiempo de la retroactividad o resignificación de los momentos de la enseñanza. Bajo la nachträglich freudiana.

En tiempos en que el síntoma procura ser confiscado por los discursos o seudo-discursos, que llevan a cabo esta tarea patologizándolo; enumerándolo y, así, volviéndolo general y anónimo, y/o dándolo a conocer como un trastorno difuso y medicable de manual, el libro de Verónica Cohen, llamado Dimensiones del síntoma, podría ser apodado: Elogio al síntoma. Para muestra sobra una cita o dos: “El psicoanálisis interpreta el síntoma al nivel del síntoma –el estatuto del analista está a nivel del síntoma-, mientras que en el discurso médico se habla sobre el síntoma (…)”. O: “La presencia sintomática del analista es el modo, necesario, de leer el síntoma con el propio discurso, con las herramientas del discurso que produce sobre el mismo, y hacer lo que llamamos, con Lacan, un pase en el discurso (…).”

Pero, como se trata de otra forma de entender el síntoma y de darle un  lugar diferencial al mismo no sólo respecto de la ciencia, sino muy particularmente entre la ciencia actual y la ciencia moderna, Cohen, en el segundo capítulo, El psicoanálisis como síntoma del saber en la historia,  esclarece que el nacimiento del sujeto del psicoanálisis fue posible con Descartes, ya que  gracias a su antecedencia surge el sujeto del que se trata, en tanto se desprende de la mismísima operación cartesiana de división entre saber y verdad, fundando , así, este sujeto que “no sabe” determinando, este no saber, en su relación con la verdad. Es desde aquí, y sólo desde aquí, que “Freud demuestra que la razón y la necesidad son insuficientes para la realización del hombre y mediante un desvío del cogito, de lo que este enmascara, encuentra una nueva razón que conduce a lo real.  Se ocupa y destaca el “no pienso ni soy”: lo fallido, el tropiezo, lo dicho sin pensar, lo no prevenido, lo que yerra. (…)”. Por esto es que Verónica Cohen, poniendo las cosas en su justo sitio, nos advierte: “Hoy (…) sabemos que este sujeto es desconocido en su existencia misma de deseo por ´catálogos¨ -como el DSM- (…). Y como una nueva –antigua- religión creen en un destino fijo, en lo predeterminado, y definen al ser hablante de manera cerrada e invariable, como un nuevo mundo medieval, anterior a la ciencia moderna que hizo posible la existencia del sujeto. Agregaría, en consonancia con estas afirmaciones de la autora, que el Dios de esta nueva-vieja religión es el Dios dinero. No olvidemos que el mismísimo presidente de un importante laboratorio internacional confesó públicamente que se inventó un medicamento y, de manera consecuente, una enfermedad para que este medicamento, como otros, fuera la supuesta solución o curación al mal fabricado por medio de un recurso de la palabra que reduce la misma a la persuasión, la sugestión, el sentido cerrado y fijo y que, como decía al comienzo, al síntoma a un valor de mercado. Robándole su condición de ser hablante al sujeto. Esta ciencia o mercado-ciencia es subsidiaria y cómplice de “una política económica interesada en desplegar el fetichismo de la mercancía sirviéndose de una ficción que aproveche el significante privilegiado que es el falo y los fantasmas que a partir de él se puedan engendrar, para provocar necesidades creadas y enmudecer con la mercancía y el terror. (…)".

Si, Pascal Quignard, cuenta que una leyenda que cuenta que: ¨Una mano terrible ha intervenido bruscamente sobre la tierra: la de un comercio único que no tiene otro fin que su conquista, que no tiene otro medio sino la presión que ejerce, que no tiene otro ritmo más que la que monotonía de su crecimiento. Esa mano impuso su concordia; la de una indulgencia despótica. Tiene el sonido verde y nuevo de un dólar que cruje -y cuyo crujido procura superar la voz de la lengua. Unos mercaderes se dirigen por primera vez a la integridad del mercado que han logrado moldear. Esta última invasión los excita, pero también los limita por la unidad a la que los somete. Su interés consiste en vender lo que se fabrique al mejor precio y a todos, es decir, al género humano. (…) Se apoyan en el terror para vender la paz. En un sólo instante, someten al deseo (…) a un único objeto cuya duración rara vez sobrepasa el día de su adquisición. Ese objeto es tan endeble que casi es una imagen de sí mismo”. Con Verónica Cohen podemos decir que el síntoma busca ser reducido y eliminado por este mercado porque objeta esa totalidad, el todo que pretenden construir; porque en él y con él  resuena la singularidad cuestionando la generalidad; porque hace saltar la pantalla mostrando el rostro fascinado; porque despierta a que el destino de quienes hablan no siempre es la hipnosis, y, porque entre cosas, a través de su paso al sinthome, como nombre del sujeto, deja caer el nombre del padre como eso que alguien debía sostener.

Me parece interesante evocar, a propósito de la palabra trastorno, que la que palabra trastornado (hagard) era un término utilizado en la caza. Un trastornado era un halcón que antes de su captura había vivido en su habitad. Trastornado daba cuenta del estado del halcón que ya no era posible domesticar, pero que tampoco podía volver a vivir en su habitad. Una especie de padecimiento de atopía lo invadía, no tenía hogar o lugar. Origen del uso de la palabra que lleva a preguntar: ¿el “trastorno” en el lugar del “síntoma” nombraría y mostraría que, bajo esta sustitución, el hombre queda sin la dimensión y morada de su decir, trastornado? Como sea, Dimensiones del síntoma es un libro que aporta a que la existencia de los hombres y mujeres sea posible en su habitad, el decir.

Utilizada en los manuales de diagnóstico, unificantes. Me refiero al DSM, elaborado por la Asociación Psiquiátrica de Estados Unidos, adoptado en todo el mundo. Manual que avanza en el proceso de “patologización”, promueve el diagnóstico “fast-food” y alienta el uso desmesurado de psicofármacos, incluso desde la infancia. Si el síntoma supone una construcción e invención del sujeto -que por tanto hace a su singuralidad-, el trastorno supone una invención de la ciencia en su alianza con el capitalismo que opera destruyendo y barriendo lo singular para transformarlo en una generalidad de la que hay que curarse y la que se erradicaría sin pasar por la palabra, sin necesidad de hablar y de escucharnos.

Obra citada, página 111.

Cohen, Verónica. Dimensiones del síntoma, página 48. Editorial Kliné, 2016.

Obra citada, página 55.

Freud subvirtió varios pensamientos de occidente, uno de ellos fue la relación de incidencia entre los hechos y la temporalidad en la que esa incidencia o afectación tiene lugar. Desde un pensamiento lineal se considera que un hecho que sucedió temporalmente antes en la cronología del tiempo incide en un hecho que acontecería posteriormente. Sin embargo, Freud advirtió, sin haber sido físico, que algo puede suceder después de que haya acontecido a partir de un hecho cronológicamente segundo que haga del "primero" una causa, siendo que en aquel momento y hasta ahí esa causa brillaba por su ausencia. "El futuro modifica lo anterior, además de que lo anterior hace al futuro", reveló

Los tres anteriormente publicados son: La práctica del análisis; La perversión y sus derivas, ambos de Norberto Ferreira y Juegoeljuego, de Clelia Conde. Simultáneamente a la publicación del libro reseñado también fue publicado, en la misma colección, El escrito es lenguaje del ausente, de Alicia Hartmann.