Liliana Bodoc, últimas obras editadas y su actual escritura sutil

Hace unos pocos dí­as, mientras decí­a en voz alta "tengo que escribir sobre los dos últimos libros de Lili y me angustia sentarme", mi hija me decí­a:

—Ma, quizás no sea hoy el dí­a que tengas que escribir, esperá al 6 de febrero.

Entendí­ que así­ debí­a ser, que la tristeza tení­a que convertirse en palabra viva como una resurrección, si nací­a el dí­a en que ella partió de este muelle.

Siempre quise entender por qué se habí­a ido. Estoy familiarizada con la muerte porque en el horóscopo maya soy Enlazadora de Mundos, la energí­a que se encuentra en el umbral que lleva a un alma de uno a otro plano. La sombra misma, quien cumple con el equilibrio de la vida y la muerte. Llamémoslo energí­a, egoí­smo o exceso de razón, pero desde ese vací­o busqué sentidos en sus dos últimas obras editadas en vida, algo debe estar escrito ahí­. Aclaro este punto porque ya sabemos que habrá dos obras editadas que saldrán a luz este año. Esa es Liliana, un espiral, ella es circular.

Ahora entiendo que su partida fue una nueva etapa de su enseñanza, nos empujó a un proceso donde ella sintió, imagino, era un gran aprendizaje: el desapego, la despedida y la alegrí­a de saber que somos parte del Misterio. Tul que bordeamos los escritores de literatura fantástica, que queremos mirar a través de él, que deseamos quitarnos de los ojos para ver lo divino de frente, pero ese tul nos protege del resplandor absoluto, nos mantiene a salvo, no podemos mirar con nuestros ojos el Misterio Divino, sin consecuencias.

Liliana nos dejó a muchos mirando a través del tul, rasgándolo a veces al borde de la locura, buscando el no lí­mite del Misterio, pero por algún motivo, el de ella quizás, nos dejó con esa textura sutil pegada al rostro para que nunca dejemos de buscar, de entender lo inentendible.

He ahí­ la Trama del Tejido de la que siempre nos hablaba, de la búsqueda sin encuentro, el sabor dulce de la miel sin saber por qué a veces sabe tan amarga.

 

Elisa, la rosa inesperada

Editorial Norma, 2017 

229pp

Mientras ella escribí­a Elisa, la rosa inesperada, yo estaba en un proceso de formación anual en Hasta Trilce, café teatro en Almagro, Buenos Aires.

Nos contó en una oportunidad que querí­a escribir sobre un camino de iniciación, pero humilde, como lo fue y lo es, ya que iba desde el barrio donde nació en Santa Fe hasta Tilcara, al norte de la Argentina, es ella misma la protagonista de la historia, es Elisa que, situada en un mundo realista, tuvo un final fantástico que la rescató de la oscuridad. Pero Liliana, como bien nos dice en la primera página de su libro, nunca imaginó ver a la oscuridad tan de cerca: "El viaje se agrietó y por las fisuras nacieron cardones. Mi cuaderno se trasformó en tierra y me quedé viendo cómo se alejaba". "Un viaje no, un naufragio me trajo hasta esta página".

Y emprendió el viaje cuaderno en mano. Visitando el cementerio de Tilcara, Lili respiró la paz de estar muerto ahí­. En su bitácora de viaje, que ustedes pueden buscar en Internet, hay un audio donde nos dice "… no se imaginan lo que es estar muerto acá…". Inmediatamente me dejé llevar por sus palabras e imaginaba como debe ser estar muerto en un cementerio burgués rodeados de cementos, esculturas y bóvedas familiares susurrando historias y secretos en la oscuridad, y la paz de estar muerto en un cementerio de Tilcara. En ese audio agrega:"Estar muerto acá es otra cosa, es otra eternidad… es la muerte con los abuelos… es la muerte circular…"

Pero levantó una cruz endeble, que decí­a Juan C. Cabrera fallecido un 9 de enero de un año comido por el tiempo y la podredumbre de la madera. Ella falleció un 6 de febrero de un año que no se deja ver porque está revestido de eternidad.

Sigue diciendo en el audio: "… me tinca que Juan Cabrera tendrá que estar en la novela, al fin y al cabo, levanté su cruz… ¿Eh, Juan?...".

Y Juan Cabrera fue Abel Moreno, así­ nos contó en el grupo de trabajo. Abel Moreno, "…sentado en su silla de paja con un hueco en el medio a punto de ceder. Usa gorro de lana, tose y se rasca el dorso de la mano izquierda".

Pero una noche en el hotel de Tilcara donde Liliana dormí­a, sin mayor explicación tuvo una gran fiebre y una pesadilla que nos ha contado en clase y en muchos reportajes. Juan Cabrera se le presenta a los pies de la cama, se echa para atrás el poncho y mostrando su facón la invita a abrazarlo, con ironí­a y tono amenazante, claro. Ella nos contó que le dijo algo así­ "¿querés venir?, ¿vení­? Abrazame, dale… ".

Desarrollando brevemente la obra, les cuento que Liliana sintió que el camino no era el que ella habí­a imaginado. Es claro que en una iniciación nunca se sabe cómo se saldrá del proceso. Estuvo un tiempo pensando el sentido de la obra hasta que, con su genio, sabidurí­a y simpleza, ubicó a Elisa en nuestra sociedad con un camino difí­cil como muchas mujeres, estuvo expuesta a una búsqueda que la puso en peligro al punto de estar al borde de la trata de personas.

¿Quién era Juan Cabrera? Muchas veces imagino investigar sobre él. Lili supo que tení­a que estar en la novela, la escribió, la presentó, todos supusimos que era su última obra editada hacia fines del 2017 y el 6 de febrero de 2018, zarpó de nuestro muelle.

 

Mi mamá me ama

Ilustraciones de Jerusalén Armayor

Ediciones Culturales de Mendoza

Colección: Flor de Chañar

44 pp

Mendoza, 2018

En la Feria Internacional del libro de abril de 2019 se rindió un homenaje a Liliana Bodoc en el auditorio Jorge Luis Borges. Para quienes no lo ubican, es el salón más grande de la Rural que está de la entrada de Plaza Italia hacia la izquierda. Es el principal con una exuberante capacidad de personas sentadas. De más está decir que estaba lleno y hasta hubo gente de pie. A la salida lo busco a su hijo, Galileo Bodoc y le cuento mi reflexión sobre ELISA, La Rosa Inesperada. Trataré de reproducir su respuesta, pido disculpas si la memoria me hace cambiar alguna palabra de Galo: "No, Ine, no fue la última obra editada. Hay un libro que yo no vi,se llama Mi mamá me ama, es increí­ble, se lo escribió a su mamá. Lo presentó en la Feria del Libro de Cuba. Es más, ella no lo habí­a visto terminado. Se lo mostró el Secretario de Cultura en el avión a la ida. Lo tenemos que encontrar".

Dichas estas palabras fui al stand de la Provincia de Mendoza y efectivamente allí­ estaba. Fue un amoroso cierre. Para hacer una breve referencia a este cuento bellamente ilutrado por Jesuralén Aimayor tengo que llevarlos como una rápida brisa de siesta calurosa a su infancia.

Liliana Bodoc tení­a problemas respiratorios, lo que comúnmente se llama asma, pero en ella hasta esta palabra carece de sentido. ¿Por qué? Porque por esta supuesta enfermedad su mamá cuidaba mucho de Lili, demasiado, casi nada podí­a hacer mientras sus hermanos y los otros niños jugaban a los pies de su ventana. Para que Liliana se entretuviera le acercaban libros, infinidad de ellos y así­ comenzó a viajar y a jugar mucho más allá de la ventana. De hecho, hace referencia a estas vivencias cuando dijo en la ponencia dictada en la Universidad de San Martí­n en noviembre del 2015:

"Leemos literatura porque una vida no nos alcanza.

No nos alcanza un amor, un parto, una profesión… y tampoco nos alcanza una muerte.

Querrí­amos morir en un campo de batalla, en una cama junto a nuestros seres amados,

Querrí­amos morir sin despertar, pero también diciendo una frase inolvidable.

Y sobre todo querrí­amos morir y seguir viendo lo que ocurre..."

Liliana Bodoc

 

Su madre murió cuando ella tení­a 6 años y, a los 59, con Mi mamá me ama arriesgo a decir que le hizo un regalo, un homenaje, una devolución sin saber que era un cierre. Como toda obra de arte, el cuento, aunque triste, no deja de ser bello. En este texto Liliana nos deja a todas las mamás la enseñanza de que tanto amor y tanta protección opaca el deseo de nuestros hijos.

La protagonista, no en vano se llama Alicia, una niña que querí­a vivir en el paí­s de las maravillas, pero no la dejaba su mamá por temor. Allí­ Liliana nos dice: "Pero cuando el miedo es tanto puede ser tonto, la madre de Alicia no podí­a ver que el mundo estaba lleno de puertas".

No les cuento el final porque no viene al caso, este escrito pretende dibujar un trazo imaginario del camino de Liliana a través del tul que dejó impregnado en mis ojos, el mejor regalo tras su partida, el de tratar de entender el Misterio, he ahí­ el sentido de la literatura fantástica en mí­. Este relato, lejos de ser la verdad, es una interpretación que me recrearon sus dos últimas obras, ¿la verdad? Sólo la sabe ella.

 

Su actual escritura sutil

Se dice que navega en un mar infinito en un galeón construido con infinidad de maderas, rodeada de esculturas que hacen balcones en la nave.

Se dice que ella tiene un camarote donde está rodeada de libros, su escritorio es muy grande, antiguo y con ataví­os acordes a un galeón, escribe sobre hojas con pluma.

Se dice que nos escucha a todos como si estuviéramos en habitaciones contiguas, no nos da mucha importancia mientras escribe, pero si se siente interpelada opina desde su sillón y dejando la pluma en el escritorio, eleva la voz dándonos un consejo.

Se dice que está escribiendo para la humanidad toda, que su letra es necesaria en el Libro Dorado de la Eternidad.

Se dice que ahora está un poquito más lejos de nosotros, que nos escucha cada vez menos, que llevan su alma para que haga su salto evolutivo de diez en diez nubes.

Se dice que, transformada, volverá a susurrarnos al oí­do como musa a todos y cada uno que quiera escucharla.