La curva del tiempo

La curva del tiempo

Donde habí­a leones y leopardos,

lagartijas violetas con su azul de fuego

 pájaros extraños con más azul

regado en la pradera y tropillas

de cebras, ninguna igual, todas

diferentes con su mapa sobre la piel,

impalas solitarios y gacelas de tres

colores, la de Thompson clavándose

en mi corazón, elefantes de bello porte

amorosos e inteligentes cuidando

a sus crí­as pequeñas con colmillos

gigantes y jirafas entrevistas en mi sueño

desde la infancia, mansas y esquivas

al mismo tiempo, avestruces corriendo

con sus alas desplegadas y los hipopótamos,

gordas sirenas de las charcas bajo el sol

africano vengo yo a enamorarme

de estos burros de Etiopí­a que se niegan

al verso y me dicen no, mientras muestran

sus caderitas cubiertas por el polvo

en tiempo de sequí­a donde brilla el sol

en sus piruetas bajo las nubes de tierra

seca y los negros bebiendo cerveza

a un costado de la carretera, cerveza

tibia y sabrosa en las latas de conserva

y no hay Tarzán bajando las laderas

del Congo, no hay ni un rubio que llame

mi atención, (ni siquiera fantasma,) sino estos

niños con vestidos de colores, / tan hermosos

que se vuelven/ enigmáticos corriendo tras de mí­

en los mercados como corren por delante

estos burritos de carga liberados del mal,

del peso, de Dios en las iglesias ortodoxas

cristianas y hacen piruetas, vueltas de carnero

en el oro en polvo del polvo africano

para decirme que la arcadia del delta

está más cerca con sus perros sueltos al viento,

a la libertad del rí­o sin camionetas cuatro

por cuatro llena de idiotas como yo viendo

la fauna salvaje de África, persiguiendo

a una leona, que persigue a una gacela

que persigue al viento mientras los

campesinos de Etiopí­a rí­en por las piruetas

de estos burritos que me llevo a América

porque todos vinimos de África lejana,

nuestra tierra natal… ¿Te acordás de ese león

soñado en los setenta sobre el rí­o San Antonio,

el que te dio miedo y te escondiste en un sendero

de la sirga dejando que atacara a una viejita

con su pañuelo negro? Vení­a del futuro

ondeando su melena al viento antes de llegar

a la curva del arroyo, la curva del tiempo…