Lo cotidiano de modo sutil

Variaciones de la luz

Diana Bellessi

Ediciones CienVolando 2014

Visor 2011

203 pp.

 

 

"En la gentil mirada del maestro

yo imagino su amor ante las cosas

sobre todo lo terso y lo pequeño

alzándose en sus formas del vaivén

donde se gana eso que se pierde

como lo hace la brisa entre los juncos"

 

De "La enseñanza silenciosa".

 

Separado o unido en La enseñanza silenciosa y La enseñanza del oro, Variaciones de la luz rodea lo cotidiando de modo filosófico, terrenal, sutil. Ocurren en estos versos de Bellessi todos los pájaros, o el Mirlo de Wallace Stevens, ocurren y se emparentan con un yuyito mientras Talita Kumi reencarna en una perra perezosa, amable y pura.

 

En "La lección", escribe:

 

"Lo pequeño no es menos que lo grande

y nada permanece ni es final"

 

Y es apenas un poco del incesante desfile taoí­sta que la poeta comparte entre patios, cortadoras de pasto, Juanes, islas...

En La enseñanza del oro la luz se desliza bajo nombres y relaciones imponentes y delicadas al mismo exacto tiempo que lo hacen las sombras. Y todo es parte, intenta, de una belleza rota, pero belleza al fin.

 

"No mira el alma más que la sutura

y la belleza"

 

"Como si viendo o no o si escuchando

no fuera una cuestión

de entendimiento y fuera en cambio

de entregarse a esa luz y sombra"

 

Para la madre, ésta voz:

 

"Hoy y el carpe diem de cada dí­a

ganado tal cual ahora lo recuerdo en el brillo

de tus ojitos pardos ante la luz

de la mañana espléndida"

 

El poema en tres partes, Como en un arca, concluye:

 

"Y es tanta la dulzura y el destrozo que digo sí­,

como una madre."

 

Habitualmente al leer, pliego la punta superior de las páginas a las que quiero volver formando un triángulo. En este robusto y suavecito libro de poemas me descubrí­ doblando todas las puntitas como si un origami latente se organizara en formas.

En la página cincuenta, a la altura de Eucaristí­a, mi ejemplar es ya mil grullas y el libro esa V con la que supimos dibujar los pájaros.

En menos de doscientas páginas los versos bailan, lúdicos, con la delicadeza de la caligrafí­a antigua en tinta china sobre papel de arroz, y son pulpos que nos atrapan la cara desde el libro.

Una sensibilidad filosa, tierna, y una concentración enteramente distraí­da ponen estos poemas frente al lector, dispuestos a llenarle el rostro y los pensamientos de muecas.