La bilis de la historia del paí­s

La bilis de la historia del paí­s

Los muertos del Riachuelo

Hernán Domí­nguez Nimo

Interzona

2018

112 pp.

 

En 1994 Quentin Tarantino estrena la pelí­cula que serí­a su consagración definitiva y a la vez una renovación del cine de los 90, Pulp Fiction. En el ámbito hispanoparlante se la conoció como Tiempos violentos. Y el cambio de tí­tulo borró la filiación literaria que la pelí­cula proponí­a. Tal vez una traducción más justa hubiera sido, Ficción barata.

Hago un breve rodeo: en las primeras décadas del siglo pasado, en el mercado editorial norteamericano, existió un producto muy popular, las novelas Pulp. Se las llamaba así­ por la pulpa barata con la que se las confeccionaba. Esos productos comerciales concibieron los géneros propios de la cultura estadounidense: el western, la ciencia ficción, el policial de mafiosos, la pornografí­a. Y lo que hay que decir es que lo barato de su material también se jugaba en su confección estética: tení­an que ser historia al servicio directo de producir algún efecto aní­mico concreto: miedo, calentura, intriga, amor. Lo curioso es encontrar autores que han logrado hacerse un lugar propio en una zona plagada de códigos estrechos. Doy un solo ejemplo, Philip Dick.

Tarantino hizo un homenaje paródico a esas historias plagadas de clichés y de estereotipos, pero divertidas y con una vena narrativa que siempre las convirtió en una fuente inagotable de inspiración.

La editorial Interzona edita una colección que busca recrear esas viejas novelas baratas: colores chillones, papel berreta, tipografí­a descuidada. Y Hernán Domí­nguez Nimo es el encargado de dar vida a una de estas experiencias en Los muertos del Riachuelo.

Dominguez Nimo nos cuenta una historia de zombis que transcurre en Buenos Aires. El secreto de su eficacia está en la cuidada elección del narrador: un anónimo periodista que se dispone a escribir la crónica misteriosa y desconocida de lo que sucedió en el Riachuelo una noche de tormenta en los 90. Esto da pie a lo que resulta ser lo más jugoso de la novela: Dominguez Nimo cuenta las historia de casi todos los muertos vivos del riachuelo. Y en esa apuesta policromática se puede leer, a la vez, la vibra que late en cada uno de los episodios: la venganza y con ello, la justicia poética.

La escritura de Dominguez Nimo es una escritura ajustada y eficaz que nunca pierde el pulso de la narración, pero a la vez, hace algunas reflexiones que dejan entrever el mensaje de la historia en su conjunto.

Sobre el final, el narrador dice: "El agua del Riachuelo es –todaví­a hoy, los argentinos nunca aprendemos de nuestros errores – un extracto de todo ese desecho mutilado, un destilado de miseria humana, la bilis de la historia del paí­s en la boca de su ciudad capital".