Las confesiones de un perverso

Las confesiones de un perverso

Memorial del engaño

J. Volpi

Editorial Alfaguara

Buenos Aires, 2014

pp. 427

 

Podrí­a decirse que este libro es, ante todo, una intervención cultural: la utilización deliberada de los recursos propios de la literatura para meterse en algunos de los debates públicos actuales y que se encuentran más acá de cualquier teorí­a estética. La historia que cuenta es fácil de referir: un experimentado financista de Wall Street, J. Volpi, desde la clandestinidad, decide contar sus memorias después de la debacle de 2008 y de la persecución policial. Volpi cuenta la historia de una estafa doble. La estafa que él mismo lleva adelante como agente financiero de Wall Street, y la de su padre: acusado de haber sido espí­a comunista mientras ocupaba un alto cargo en la Reserva Federal de los Estados Unidos en los últimos años de la guerra y en el álgido momento de la creación del Fondo Monetario Internacional. Como es previsible para este tipo de personaje, el tono es cí­nico, y su cinismo llega a lugares a veces inverosí­miles. Pero esta inverosimilitud no es un desliz de la narración, sino la consecuencia natural de la construcción de un sí­mbolo. Quiero decir: nuestro personaje J. Volpi es más que un simple personaje, es una idea o un juicio moral, una forma de entender el capitalismo, una manera de reflexionar sobre las condiciones materiales de nuestra sociedad. Porque lo que diferencia Memoria del engaño del resto de las narraciones del género es que Memoria del engaño es una narración de ideas. Hay ideas transitadas: que el orden financiero del tardí­o capitalismo es un elefante de pies de barro; que la supuesta arquitectura matemática de este elefante es cualquier cosa, menos precisa; que este orden financiero se encarga todo el tiempo de premiar a los poderosos y castigar a los débiles. Pero además, hay otras ideas menos transitadas: que el orden financiero actual nació después de la segunda guerra mundial como una utopí­a humanitaria en la que los rusos tuvieron su parte; que el capitalismo financiero no es más que la expresión acabada de un orden social en el que las naciones comunistas también tuvieron lo suyo.