Frente al barro de la vida

Frente al barro de la vida

Como si existiese el perdón

Mariana Travacio

Metalúcida

Buenos Aires, 2016

pp. 138

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Aunque en la inmensidad de lo cotidiano la vida dí­a a dí­a simule ser un continuo de hechos repetidos mecánicamente, suele tener un as bajo la manga dispuesta a ponerlo sobre la mesa en el momento justo para desbaratar una existencia tejida de costumbres. Cuando el viento norte, además de sequí­a, tierra y malos humores trae al pueblo a un desconocido intuimos, sin necesidad de más información que esa, que la vida de todos los presentes cambiará drástica y definitivamente.

Una tarde de las tantas gastadas en el bar del Tano apareció como una sombra Loprete, un hombre en una búsqueda tranquila pero urgente. Desde sus tierras donde el agua es sanadora y generosa vení­a tras los pasos de Pepa. Pepa se le habí­a perdido. Entre preguntas, ahogos y ginebra la ansiedad de la búsqueda se convirtió en cuchillo y el filo en muerte. Loprete agonizó toda la noche y fue enterrado a la luz de un farol que sostení­a Manoel, con la pala en manos de Juancho y el cuerpo bajo la atenta vigilancia del Tano listo para evitar otra explosión de ira.

Y así­ como el viento trajo un dí­a a uno, algunas semanas después trajo a tres Loprete más en busca de su hermano perdido, aquel que unos meses antes salió detrás de Pepa, la cabra que le quitaba el sueño, y no habí­a regresado.  Uno de los secretos mejor guardados del pueblo – si bien iremos enterándonos a lo largo de la lectura que no es el único- duró poco: los hermanos descubrieron pronto las mentiras y exigieron noticias de aquel que andaban buscando.

¿Qué hacer cuando la propia vida pende de un hilo? ¿cómo comportarse ante la apretada amenaza de la muerte? El Tano y Manoel deciden abandonar el pueblo en busca de refugio, Juancho -sin pensarlo demasiado- decide quedarse. Así­, aquellos dos emprenderán un viaje que buscará ser de salvación y terminará siendo de renacimiento, un viaje donde la tierra, el agua y la sangre se mezclarán con los recuerdos y los secretos formando un barro del que aquel que logre salir no lo hará indemne.

Mariana Travacio construye en Como si existiese el perdón un thriller campero a través de las voces cortas pero certeras de dos personajes que frente al dolor y la necesidad de reparo encontrarán el uno en el otro la amistad y la hermandad que los llevará de la mano hacia ese destino construido por ellos o decidido antes de sus nacimientos. Cuando a la muerte de su abuela Manoel queda, con ocho años, completamente solo (sus padres habí­an desaparecido mucho tiempo antes) el Tano, un hombre solitario por la pena del abandono, lo toma bajo su cuidado y transitan juntos la vida hasta el dí­a en que Loprete aparece sin anunciarse. Desde ese momento la compañí­a mutua de dos personas solas se convertirá en una sola existencia, ya no serán dos, serán uno buscando sobrevivir fí­sica y emocionalmente a lo que vaya ocurriendo en el camino.

Un libro construido de silencios y extrañamientos, ambientado en paisajes bucólicos atravesados por la violencia, una historia que se conforma a cada página es lo que Mariana Travacio construye en esta, su primera novela, con la maestrí­a de quien conoce en detalle los sonidos, las ausencias y la combinación exacta de las letras para llegar al lector, hacerlo parte de estas vidas y dejar en cada uno la memoria de estos hechos como si fueran parte de su propio árbol genealógico.