Un lugar certero y a la vez confuso en el que nos sentimos a salvo del mundo

En la casa de Luisa hay muchos objetos. Eso sorprende, un poco. Lo que primero nos sale al paso es un hall pequeño donde hay cuadros y esculturas. Salimos a un amplio living donde hay muebles, más cuadros, más esculturas, y libros. Y ella se mueve en su casa con una elegancia sutil pero espontánea. Luisa es una mujer fresca y en ese sentido, joven. Del tipo de juventud que no tiene que ver con los años, o el paso del tiempo, si no con el tesoro, ese divino tesoro que nos hace tener siempre una actitud de sorpresa, como si el mundo recién naciera a nuestro paso.  

Antes de empezar la entrevista nos lleva a otra sala donde conserva su colección de máscaras. No sé qué dice, porque no logro concentrarme. Estoy abrumado y fascinado. Es una habitación amplia, como si fuera una sala de estar de una familia numerosa. Hay una mesa. Dos o tres bibliotecas, muebles antiguos y libros desparramados. Las cuatro paredes están repletas de máscaras. Están colgadas. Y yo presumo que son de diferentes lugares del mundo. No sé si tienen algún orden, creo que no. Unos minutos después, cuando estamos sentados en los sillones del living, le voy a preguntar sobre su autopercepción como escritora, y ella me va a decir: ¿Cómo me veo? Me veo como una coleccionista de máscaras. Y yo sé que no hay impostura en su respuesta, al contrario: Luisa Valenzuela es una escritora que tiene una obra sólida, insistente y con diferentes registros. Pero conserva algo espontáneo, recién nacido y amateur.

Su obra es constante. Novelas: Hay que sonreí­r, 1966. El gato eficaz, 1972. Como en la guerra, 1977. Cola de lagartija, 1983. Novela negra con argentinos, 1990. Realidad nacional desde la cama, 1990, 1993. La travesí­a, 2001. El Mañana, 2010. Cuidado con el tigre, 2011. La máscara sarda, el profundo secreto de Perón, 2012. Cuentos: Los heréticos, 1967. Aquí­ pasan cosas raras, 1975, Libro que no muerde, 1980. Cambio de armas, 1982. Donde viven las águilas, 1983. Cuentos completos y uno más, 1999. Generosos inconvenientes. Antologí­a de cuentos. Selección y prólogo de Francisca Noguerol Jiménez, 2008. Juego de villanos. Antologí­a de microrrelatos. Selección y prólogo de Francisca Noguerol Jiménez, 2008. Tres por cinco, 2008. ABC de las microfábulas. Edición de arte ilustrada por Rufino de Mingo, 2009. Zoorpresas zoológicas, 2013. Zoorpresas y demás microfábulas, 2013. El chiste de Dios y otros cuentos, 2017. Ensayos y escritos autobiográficos: Peligrosas Palabras. Reflexiones de una escritora.,2001. Escritura y Secreto, 2002. Los deseos oscuros y los otros (cuadernos de New York), 2002. Acerca de Dios (o aleja), 2007. Taller de escritura breve, 2007. Cortázar-Fuentes, Entrecruzamientos, 2014. Lecciones de arte, el Entusiasmo, 2014. Diario de máscaras, 2014. Conversación con las máscaras, 2016.

Pero a pesar de lo contundente de su obra, ella se piensa como una diletante; dice: Admiro mucho a la gente y a los artistas entrevistados que te dicen yo soy así­, y tienen una lí­nea de pensamiento muy sólida. Lo mí­o es fluctuante. Así­ cómo me veo o dejo de verme es de alguna manera indiferente. Yo me veo a través de la escritura, entonces en el momento en que estoy es cuando estoy escribiendo. Si yo te tengo que explicar así­, verbalmente, no sabrí­a qué decirte salvo ciertas coincidencias, agradecimientos a gente que me ha proyectado, a gente que me estima. Me veo como alguien muy curiosa y muy dedicada a la aventura y al cambio. Me veo como una persona muy entusiasta.

Es que a lo largo de toda la entrevista percibí­ lo mismo: una escritora contundente, con una obra sólida, reconocida en el mundo pero, a la vez, alguien de algún modo evanescente, como si el acto de escritura fuera un acontecimiento contradictorio, y paradójico, un acto a la vez certero y trivial. Por eso, el humor como arma; dice: Me percibo con sentido del humor. No soporto la falta de humor en la seriedad. En el mundo real y verdadero y tremendo y atroz en el que vivimos, nuestra única arma de defensa, de alguna manera, es el humor. Entonces yo esgrimo esa arma a veces un poco en mi contra, es un arma de doble filo. Pero me parece importante y necesaria para mí­.

La escritura como el trabajo sin pausa y obsesivo. Ella misma lo reconoce: es también otra forma de la expresión porque he dado conferencias, he hecho talleres, he dado clases en Estados Unidos., he hecho mucho periodismo, pero la escritura en sí­ es constante. Pero esa insistencia, esa constancia, además, le hizo entender el acto de escribir como un acto misterioso y de entrega, en el que no cabe casi la posibilidad de la planificación, como si fuera una entrega amorosa al leguaje: Me siento a escribir con cierta noción de algo, a veces más clara, a veces más difusa. Siento cuando estoy escribiendo bien o cuando me estoy yendo un poquitito por las ramas y un poco al carajo, ¿no? Ahí­ freno y tiro todo a la basura y busco, busco. El momento de la búsqueda que va a acceder a esa parte que yo no sé. Encuentro el mineral, lo saco y después la veta se muere. Nada es deliberado. Es un poco loco todo, porque después me siento mal de no tener un camino deliberado. Lo escuchaba a Saer diciendo que hay un proyecto, un plan, todos los que no tienen un plan son diletantes. Y digo, pucha, soy una diletante. Después veo la lí­nea, a pesar mí­o pero soy yo. Si el plan fuera deliberado en mi caso, serí­a falso, sonarí­a mal.

Tal vez por eso, ella se rí­e de las etiquetas, de los encasillamientos crí­ticos. En muchos trabajos se la presenta como una escritora del post-bum, y ella es categórica: eso es una farsa, no sé si existe, me es indiferente. O respecto al compromiso polí­tico reconoce a Borges como un maestro del arte por el arte, pero sin embargo, dice: No es una decisión es una necesidad. De golpe te encontrás con la realidad de narices y no sos un escritor de la torre de marfil, y ahí­ tenés que encararla. Entonces lo que yo me he dado cuenta a lo largo de mi obra es que he contado las distintas décadas argentinas y los subibajas argentinos. Pero no fue algo deliberado, como si fuera un plan de escritura, sino más bien, un plan que se puede leer como tal, una vez que ya está realizado.

Cuando escribe su primer libro de cuentos se lo da a leer a Rodolfo Walsh. Y ella se asombra de que a Walsh le guste porque ella sentí­a que no estaba reflejada su ideologí­a. Pero Valenzuela dice que le dijo Walsh: la ideologí­a siempre está, en la elección de las palabras, en el uso del lenguaje. Y en ese punto, lo mismo piensa de la escritura femenina; dice: yo creo que hay en la mujer otro acercamiento al leguaje. El lenguaje es un arma, y esa arma la usas de diferente forma como mujer o como hombre. Pero, rápidamente, se encarga de aclarar: pero no estoy segura, es un acercamiento, una sensación.

Ese mismo dí­a en mi casa me pongo a escuchar la entrevista. Y mientras anoto algunas ideas en mi libreta tengo una ocurrencia: lo que llamamos alma es lo mismo que Luisa llama escritura, un lugar certero y a la vez confuso en el que nos sentimos a salvo del mundo pero que sabemos que no es más que nuestra fantasiosa manera de creernos diferentes de las cosas.

 

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Luego de la entrevista, recibimos este mail de Luisa:

 

De mi texto in progress, la parte donde hablo de mi meningitis del 2010

 

De MEMORIAS DISPERSAS

Fragmento de la Parte I:

 

Cerebro y cuerpo

Si la morada del ser es el lenguaje y yo digo que se escribe con el cuerpo, al irme de mi cuerpo me fui del lenguaje, o quizá fue a la inversa y nunca podré saberlo.

 

 

"No despertar a los perros que duermen", me conminó el neurólogo cuando mencioné el recuperado impulso de escribir.

Un estúpido.

No despertar a los perros significa no despertar en absoluto, así­ de simple, no

permitirse el lujo de acceder a ese conocimiento que se dice prohibido ¿y quién lo dice?

Prohibido.

Como si el conocimiento acatara la ley, tuviera ley.

Como si los perros dormidos no descendieran del lobo y aullaran en las noches de luna o sin ella para despertar a las incautas, valientes, las más empedernidas almas.

Alma es aquello que llevamos adherido al cuerpo.

Nuestro cuerpo: el alma lo constituye y habilita.

"Se me cayó el alma a los pies", decimos; "Me volvió el alma al cuerpo". Tal cual.

 

                                                           Luisa Valenzuela

 

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Más sobre Luisa Valenzuela: https://www.luisavalenzuela.com/biografia/